martes, 26 de agosto de 2014

El maltrato psicológico como herramienta política

Ya toqué el tema del maltrato psicológico en el artículo de este blog "Cómo reconocer el maltrato en las relaciones de dominación/sumisión". Se suele entender que la manipulación psicológica y el chantaje emocional se da sólo en las parejas o entre personas que se relacionan íntimamente. Sin embargo, últimamente me ha llamado la atención como personas que denuncian el abuso psicológico a nivel íntimo parecen practicarlo, seguramente de forma inconsciente, a larga escala como herramienta política.

Me explico. Primero veamos cómo funciona en realidad la manipulación psicológica. Se basa en un grupo de emociones que controlan a nivel profundo las relaciones humanas y que tienen un gran impacto en la autoestima:

1.   La culpa nos hace sentirnos mal con nosotros mismos y repudiados por nuestro entorno social cuando infringimos sus normas.

2.   La vergüenza tiene un impacto negativo en la autoestima aún mayor que la culpa. El sentirnos ridículos, objeto de risas, bromas o lástima señala que hemos perdido prestigio en nuestro entorno social y nadie nos toma en serio.

3.   El miedo nos atenaza y nos inmoviliza. Nos hace vivir a la defensiva en vez de desarrollar nuestra creatividad y hacernos crecer como personas. Nos impide movilizarnos y defendernos de quien nos ataca.

4.   La compasión es una de las emociones humanas más loables, pero que puede ser explotada de forma muy eficaz para la manipulación psicológica. El maltratador se presenta como víctima merecedora de compasión, de tal manera que si no le otorgamos lo que quiere o, peor aún, nos defendemos de él, apareceremos ante los demás y nosotros mismos como poco compasivos, lo que generará culpa y vergüenza.

5.   La indignación es lo que moviliza al grupo social en contra de aquellos que infringen sus normas. Su efecto inmediato es generar culpa y vergüenza en aquellos contra los que va dirigida. Suele ir acompañada del sentimiento de superioridad moral (“self-righteousness” en inglés), una emoción que aumenta el ego del que la siente provocando una gran satisfacción consigo mismo.

Culpa, miedo, indignación
El manipulador psicológico utiliza este abanico de emociones para colocar a su víctima en una situación de dependencia en la que tiene que acatar sus deseos. No desaprovecha ninguna ocasión para hacer que su víctima se sienta culpable y avergonzada. Ni siquiera hace falta que ella haga algo malo, bastará con hacer que se identifique con otras personas que se comportan mal. El manipulador también se presenta como víctima, lo que genera empatía en su entorno social e impide que su víctima tome medidas defensivas. El victimismo es la base del chantaje emocional: el manipulador pretende ser alguien que necesita a su víctima, que resulta herido si ésta no accede a sus deseos, con lo cual puede, una vez más, hacerla sentirse culpable y avergonzada.

Pero debemos darnos cuenta de que estas emociones se utilizan también a gran escala como armas políticas. No digo que esto esté siempre mal. De hecho, la lucha política no-violenta se basa en hacer que los opresores sientan culpa y vergüenza de sus privilegios y sus acciones; en generar compasión por sus víctimas e indignación frente a los agresores. Por ejemplo, en los últimos años del Franquismo, las viñetas que salían en los periódicos ridiculizando al fascismo y sus instrumentos desempeñaron una gran labor en desgastarlo y movilizar a la opinión pública contra él.

Sin embargo, todas las armas pueden usarse para bien o para mal. Últimamente veo con preocupación como estas tácticas de manipulación psicológica son usadas indiscriminadamente para atacar a determinados segmentos de la población. Hace falta analizar este problema desde la perspectiva de la manipulación psicológica para hacer comprender a ciertas personas que no, no está bien hacer que alguien se sienta culpable o avergonzado por el simple hecho de ser hombre: “si eres hombre eres un violador potencial”. Tampoco está bien abusar de la compasión presentándose como víctima o como defensor autoproclamado de las víctimas. Por supuesto que hay víctimas, no lo estoy negando. Pero la mejor manera de ayudarlas no es iniciar una caza de brujas indiscriminada, culpando de su maltrato a personas inocentes, convirtiendo a alguien en sospechoso por el mero hecho de ser hombre.

También hay que tener cuidado con que, con tanto afán de prevenir los maltratos, estemos difundiendo miedo y visiones negativas del sexo como el origen de abusos, enfermedades y otros peligros, olvidándonos de que en la inmensa mayoría de los casos el sexo en una fuente de placer, intimidad, comunicación y felicidad. El miedo, como la culpa, la vergüenza y la indignación, son emociones negativas sumamente peligrosas, que se nos pueden ir de las manos con facilidad y hacer más daño de lo que pensamos. Y, por encima de todo, nunca confundamos la lucha genuina por mejorar la sociedad y aliviar el sufrimiento de la gente con sentimientos de superioridad moral y el engrandecer el ego a base de denostar a los demás.

Por cierto, a lo largo de este artículo he usado de forma deliberada el género masculino para el maltratador y el femenino para la víctima. Pero espero que quede claro, por lo que digo al final, que a nivel de ideologías se está dando mucho últimamente el caso inverso. En todo caso, lo justo es valorar el acto de por sí y no en función del sexo de quien lo ejecuta.

The ultimate weakness of violence is that it beget more violence.
With violence you can murder the hater but you just increase hate.
Hate cannot drive out hate.
Darkness cannot drive out darkness.
Only light can do that.
Only love can drive out hate.

La mayor debilidad de la violencia es que produce más violencia.
Con violencia puedes matar al que odia, pero producirás más odio.
El odio no puede eliminar la odio.
La oscuridad no puede eliminar a la oscuridad.
Sólo la luz puede hacerlo.
Sólo el amor puede eliminar al odio.

Martin Luther King

martes, 19 de agosto de 2014

El Feminismo Anti-Porno, la Guerra del Sexo y el nacimiento del Feminismo Sexo-Positivo

Haciendo una película porno
Hace unos días mi esposa escribió en este blog una brevísima historia del feminismo explicando entre otras cosas la diferencia entre la primera, segunda y tercera ola feministas. Quiero hablar hoy de un episodio fundamental de la historia del feminismo que cambió de forma radical la forma en que se lo ve y creó una división en su seno que persiste hasta hoy en día. En realidad, llevo pensando escribir este artículo desde que empecé este blog, pero no me decidía a hacerlo porque es un tema complicado, con numerosas ramificaciones y en el que sin duda me falta bastante información. Sin embargo, creo que es importante al menos esbozarlo, porque sin conocer este tema es muy difícil comprender al feminismo de hoy en día y participar en algunos de sus debates más intensos. Voy a contaros la historia del Feminismo Anti-Porn (FAP) y la llamada “Guerra del Sexo” que tuvo lugar dentro del feminismo en reacción a él, un proceso en el que nació el Feminismo Sexo-Positivo que representa una parte considerable de la tercera ola feminista de hoy en día.

El FAP fue una corriente radical dentro del feminismo que estuvo en auge en los años 70. Se caracteriza principalmente por su oposición a la pornografía, al sadomasoquismo y a la prostitución. Sus exponentes más famosas son Andrea Dworkin y Catharine MacKinnon, aunque hay muchas otras. Tanto Dworkin como MacKinnon fueron profesoras de universidad, cuyo pensamiento se integra en gran medida en la corriente postmodernista. Quizás por esta razón el FAP tuvo una gran aceptación en las universidades americanas, en algunas de las cuales todavía sigue atrincherado.

En lo que respecta a la pornografía, el FAP lo condena sin paliativos porque, según esta ideología, sólo sirve para el placer de los hombres y supone una explotación de las mujeres, que son obligadas a convertirse en objetos del placer masculino. Para estas feministas, la actriz porno es una mujer explotada, llevada a hacer este tipo de trabajo por las circunstancias sociales que empobrecen a la mujer. Defienden que la sexualidad de la mujer es tal que, si realmente pudieran elegir, las mujeres nunca expondrían su cuerpo para el placer de otras personas. Por supuesto que en las películas porno también aparecen hombres, pero al FAP ellos no parecen preocuparle tanto. Estos argumentos contra la pornografía han sido completamente desbancados hoy en día. En primer lugar, las mujeres han empezado a ser también consumidoras ávidas de pornografía, por lo que no es verdad que se hace exclusivamente para el placer de los hombres. En segundo lugar, hoy en día existen numerosísimos vídeos y fotos caseras hechos por mujeres que demuestran claramente que, lejos de ser una explotación de la mujer, el porno es algo en lo que participan voluntariamente, aun sin cobrar. La mayor actividad del FAP fue el iniciar campañas para prohibir y castigar la pornografía, aliándose en muchos casos con la derecha más reaccionaria en pos de ese objetivo.

En lo que respecta al sadomasoquismo, el FAP lo ve como la demostración más clara de que la sexualidad masculina está cargada de violencia hacia la mujer. Según ellas, mientras que muchos hombres optan por reprimir estos instintos, los sadomasoquistas actúan abiertamente sobre ellos, degradando, maltratando y humillando a sus “víctimas” y a todas las mujeres por extensión. Existe, claro está, el pequeño problema de que un número considerable de hombres son masoquistas o sumisos, y una cantidad correspondiente de mujeres son sádicas o dominantes. El FAP quiere explicar esto diciendo que algunas mujeres desafortunadas han interiorizado la violencia sexual del macho, o reaccionan contra la violencia que ellas mismas han sufrido en el pasado, mientras que hay hombres que buscan degradarse como respuesta al sentimiento de culpa que les genera su propia violencia sexual. El hecho de que los practicantes del BDSM rechacen de forma radical esta narrativa les tiene sin cuidado, pues obviamente son personas enfermas que necesitan tratamiento psiquiátrico.

La oposición del FAP a la prostitución perdura hasta hoy en día en el seno del feminismo. Algunas feministas en países como Francia y Suecia presionan para la criminalización de los clientes de las prostitutas, cuando no de las propias trabajadoras del sexo, como ocurre en EE.UU. Como en el caso de la pornografía, el FAP ve a la prostituta como una mujer explotada que nunca elegiría ese trabajo si no fuera por encontrarse en una situación de extrema pobreza o incluso de esclavitud. Hoy en día las prostitutas se han organizado en muchos países para combatir esta actitud paternalista hacia ellas. Además, existen muchos casos de prostitutas que lo son porque les gusta ese trabajo, o incluso de estudiosas del sexo que lo hacen como manera de aprender de esa experiencia (por ejemplo, la escritora Carol Queen).

Carol Queen
La oposición al FAP comenzó al final de los años 70 y principios de los 80 en la Costa Oeste de los EE.UU. La periodista feminista Ellen Willis fue una de las primeras en denunciar al FAP por su puritanismo, su autoritarismo y el ser una amenaza a la libre expresión. A pesar de que la controversia se extendió rápidamente dentro del feminismo, el FAP cosechó su victoria más importante en octubre de 1980, cuando la National Organization for Women (NOW, la organización feminista más importante de EE.UU.) adoptó su ideología al declararse en contra de los “Big Four” (los “Cuatro Grandes”): la pedofilia, la pornografía, el sadomasoquismo y el sexo en público, por ser actos de explotación, violencia e invasión de la privacidad. Pero la respuesta no se hizo esperar, pues en esa época ya existían las primeras organizaciones sadomasoquistas americanas: “The Eulenspiegel Society” de Nueva York apareció en 1971 y la “Society of Janus” de San Francisco en 1974. Samois era un grupo BDSM lesbiano que se escindió de la Society of Janus y que incluía a la famosa escritora Pat Califia (hoy en día el hombre transexual Patrick Califia). El nombre de Samois se basa en uno de las mansiones mencionadas en la novela Historia de O. Samois se vio atacado por un grupo de FAP también de San Francisco “Women Against Violence in Pornography and Media” (WAVPM), que llegó a organizar piquetes contra Samois. Las lesbianas de Samois no se dejaron arredrar e iniciaron las primeras batallas de la Guerra del Sexo. Fue una larga lucha que duraría la década entera de los 80 y, en cierta medida, aún perdura hoy en día. Aunque las feministas anti-porn gozaban de la considerable ventaja del respaldo oficial de la NOW y del apoyo de los departamentos de estudios feministas de muchas universidades americanas, las feministas pro-sexo contaban con sus propias ventajas que a la larga fueron decisivas en su victoria en esta guerra dialéctica. Una de las más importantes es que, mientras las FAP sacaban tochos académicos escritos en un lenguaje postmodernista más oscuro que la noche, las feministas pro-sexo como Carol Queen, Susie Bright y Pat Califia escribían libros simpáticos, populares, llenos de anécdotas sexy. Por ejemplo, Carol Queen escribe cosas como éstas…

“El asunto más urgente que necesito comunicar, sin embargo, raramente forma parte de las discusiones de la ‘guerra del sexo’. Usar la pornografía, sea como entretenimiento o como sustituto, es sobre todo una manera de poner de manifiesto el deseo. Es una manera de pensar sobre el sexo, una manera de decirse a uno mismo que el sexo es bueno -o, si esto es ir demasiado lejos, que lo queremos de todas formas. La gente lee o mira porno por las mismas razones por las que leen poesía o filosofía: para ampliar una manera de ver el mundo.”

Lo peor del FAP es que debajo de esa pátina puritana se escondían cosas aún peores. Por ejemplo, su oposición a la pornografía se basaba tanto en que explotaba a la mujer como en que le proporcionaba placer al hombre, al que se presenta como el culpable de la opresión de la mujer. Este afán de castigar al hombre se llevó al propio acto sexual: el coito se presentó como un acto intrínsecamente degradante para la mujer, que irremediablemente expresaba su sumisión al hombre. Se pasó del extremo de considerar el placer vaginal como el único lícito (una opinión aparentemente propugnada por Sigmund Freud) a convertir al clítoris en el único vehículo políticamente correcto del placer femenino. Las mujeres que gozaban follando debían ser reeducadas en tipos de sexualidad que no complacieran al deseo masculino. Siguiendo esa trayectoria, se llegó a decir aquello de que “toda penetración es violación”, una frase que se atribuye a Andrea Dworkin, aunque luego se ha debatido mucho si en realidad fue eso lo que escribió o no… porque ella escribía en un lenguaje postmodernista tan confuso que es imposible saber a ciencia cierta lo que quería decir. Lo que sí es cierto es que muchas feministas adeptas al FAP adoptaron esta frase como bandera en su lucha contra la sexualidad intrínsecamente violenta del macho (según ellas). No es de extrañar que toda una nueva generación de mujeres abandonaran el FAP en masa… Lo malo es que muchas, creyendo que se les prohibía amar a los hombres y gozar de su sexualidad a su manera, acabaron por abandonar todo tipo de feminismo.

A causa de esta doble faceta de odio al hombre y rechazo del sexo, el FAP ha hecho mucho daño al feminismo, creando hostilidad hacia él en la sociedad y dándole munición al patriarcado para atacarlo de forma muy eficaz. En vista de eso, y de que todos los postulados del FAP han demostrado ser falsos, lo lógico es que el feminismo denunciara sin cortapisas al FAP y se distanciara de él. Desgraciadamente, la realidad ha sido otra y el feminismo de la tercera ola mantiene una posición ambigua frente al FAP, con la excusa de que en el feminismo caben todo tipo de tendencias. Por ejemplo, en este artículo se pueden encontrar todos los elementos de FAP: descalificación de la pornografía, el BDSM y la prostitución. Quizás movidas por la solidaridad de género, las feministas han optado por enterrar la Guerra del Sexo como un episodio vergonzoso de su historia, algo que sólo debe discutirse de puertas adentro, al tiempo que siguen predicando en versión “light” una buena parte de la ideología del FAP. Así, en vez de criticar a toda la pornografía, ahora se habla de porno “machista” y porno “feminista”, cuya única diferencia parece radicar en que el primero lo hacen hombres y el segundo mujeres. El lema incendiario “toda penetración es violación” resurge como homilías santimoniosas contra el “coitocentrismo”, de nuevo sin explicar claramente qué es y cómo debe ser evitado. ¿Es coitocentrismo cuando una mujer le da por culo a un hombre con un “strap-on”? ¿Cuándo dos lesbianas hacen el amor con un dildo? ¿O, como en el caso de la pornografía, resulta que hay penetraciones políticamente correctas y otras que no lo son tanto?

Lo que digo aquí no debe entenderse como una crítica global al feminismo. Como ya dije en un artículo anterior, me considero feminista. No me cabe la menor duda de que la mujer sigue siendo oprimida de muchas formas en nuestra sociedad occidental y de forma horrenda en otras culturas menos iluminadas. La mujer gana menos que el hombre por el mismo trabajo, se le dan los trabajos menos deseados, se le cierran las puertas a posiciones de prestigio y de poder, se la fuerza a ser madre cuando no quiere, y sigue siendo víctima de un número elevado de violaciones, abusos sexuales, maltrato físico y psicológico y hasta asesinatos. Para mí, la mayor crítica que puede hacérsele al FAP es el haber abandonado estos problemas básicos que afectan a tantísimas mujeres para malgastar los réditos del feminismo en estériles luchas ideológicas contra gigantes imaginarios, molinos de viento que drenaron sus energías y acabaron por vapulearlas.

Referencias

 

Libros sobre feminismo sexo-positivo

Susie Bright’s Sexual Reality (A Virtual Sex World Reader), por Susie Bright. Cleis Press, 1992.
Public Sex (The Culture of Radical Sex), por Pat Califia. Cleis Press, 1994.
Harmful to Minors (The Perils of Protecting Children from Sex), por Judith Levine. University of Minnesota Press, Minneapolis/London 2002.
Real, Live, Nude, Girl (Chronicles of Sex-Positive Culture), por Carol Queen. Cleis Press, 1997.

 

Wikipedia (en español)

 

Wikipedia (en inglés)

 

Sitios Web

viernes, 8 de agosto de 2014

Las bases éticas del poliamor: consentimiento, reciprocidad, honestidad y seguridad

Una cuaterna de poliamor
Uno de los libros claves sobre poliamor
Todavía hay poca gente que entienda lo que es el poliamor. La mayoría lo confunde con la promiscuidad, la poligamia o el intercambio de pareja. Existen varios libros escritos sobre el tema, aunque desgraciadamente muy pocos en español. Y, de todas formas, no se puede esperar que el público general los lea o emplee mucho tiempo en informarse. Por eso he querido condensar en este breve artículo lo que es el poliamor, haciendo hincapié en por qué es una alternativa ética a la monogamia y a su secuela, la infidelidad.

El poliamor se podría definir como un nuevo tipo de relación amorosa basado en la no-exclusividad sexual y amorosa. La no-exclusividad sexual consiste en aceptar que la persona a la que amamos pueda tener relaciones sexuales con otras personas. Sin embargo, esto no es lo mismo que la promiscuidad indiscriminada, ya que en la mayoría de las relaciones de poliamor las relaciones sexuales se limitan a un grupo reducido de personas o incluso a una única tercera persona (polifidelidad). Cada familia de poliamor establece sus propias reglas a este respecto. La no-exclusividad amorosa quiere decir que aparte de tener relaciones sexuales con más de una persona, también es posible, incluso deseable, el amar a más de una persona. De ahí le viene el nombre al poliamor: más de un amor. Esta libertad de enamorarse de más de una persona es lo que distingue al poliamor de las parejas abiertas y del intercambio de pareja (los llamados “swingers” o “mundo liberal”), ya que en ese tipo de relaciones se permite el sexo con otros siempre que uno no se enamore de ellos. Es decir, se han superado los celos de sexo pero no los de amor. Por el contrario, en la cultura de poliamor se le da una gran importancia a la capacidad de amar y mantener relaciones duraderas con varias personas.

Para mucha gente que practica el poliamor, es fundamental que sea una forma ética de vivir, alejada de la explotación, el sexismo y la falta de honestidad que plagan las relaciones monógamas tradicionales. Sin embargo, esto no es nada fácil, pues en vez de gestionar la relación entre dos personas ahora hay que tener en cuenta a varias. Encima, no todas las relaciones en un grupo de poliamor tienen la misma intensidad o madurez: unas están empezando mientras otras tienen un historial de años; unas son de convivencia mientras otras funcionan a base de citas espaciadas en el tiempo. A pesar de todo, he intentado recoger aquí cuatro condiciones básicas que definen el que una relación de poliamor sea ética, un poco como el “seguro, sensato y consensuado” que demarcan los límites entre el BDSM y el matrato.

1.    Consentimiento: Una relación de poliamor debe producirse entre personas que consienten libremente a tenerla. No valen presiones ni chantajes de ningún tipo. Pero, ¡cuidado!, que lo recíproco también es cierto: no se debe imponer una relación monógama a alguien en contra de su voluntad. Y eso es precisamente lo que ha venido haciendo la sociedad desde hace mucho tiempo: usar todo tipo de presiones para imponer la monogamia.

2.    Reciprocidad: Las reglas son las mismas para todo el mundo. Es decir, que si él es libre de follar o de enamorarse de otras, ella tiene los mismos privilegios. Lo contrario sería injusto y explotador. Por supuesto, puede suceder que un miembro de una pareja le otorgue libertad sexual al otro sin desear usar el mismo privilegio, pero eso es una decisión personal suya que debe poder abrogar en cualquier momento. Esto es lo que distingue al poliamor de la poligamia, donde no existe reciprocidad: un hombre puede tener varias mujeres, pero una mujer no puede tener varios hombres... ¡y ni se te ocurra pensar en relaciones homosexuales en una cultura polígama!

3.   Honestidad: Todo el que participa en una relación de poliamor debe tener acceso a todo lo que necesite saber sobre dicha relación. Es decir, que no caben ni secretos ni mentiras. El poder ser honesto sobre los propios deseos y sentimientos es una de las cosas más valiosas que se gana con el pacto de no-exclusividad. Ya no hay motivos para engañar ni para ocultar nada, ni que has follado con Fulanita ni que te has enamorado de Menganito. Existen, por supuesto, unos ciertos límites a lo que debe ser revelado, ya que todo el mundo tiene derecho a una cierta privacidad, pero lo importante es que todo el mundo sepa lo que ocurre en el grupo familia de poliamor que le concierne. Quizás no necesite saber en qué posturas follásteis ayer noche, pero sí necesito saber que follásteis.

En el poliamor también hay sitio para los hijos
4.    Seguridad: La relación de poliamor no debe causar daño físico o mental a los participantes. No quiero diferenciar aquí entre la seguridad física (“seguro” en el BDSM) y la seguridad mental y emocional (“sensato” en el BDSM), ya que creo que en el poliamor existe un continuo entre estas dos cosas. La seguridad incluye, por supuesto, la protección contra las enfermedades de transmisión sexual (ETS), ante las que existe un mayor riesgo en el poliamor. Esto debe incluir no sólo el uso de barreras como los condones, sino también revisiones médicas periódicas (al menos una vez al año) que incluyan un panel sobre todas las ETS comunes. El poliamor conlleva también claros riesgos emocionales que deben ser asumidos por todo el que se interna por estos derroteros. Si bien la presencia de varias personas que nos aman supone una mayor ayuda frente a los problemas, los conflictos de relación también se multiplican con el número de personas: no sólo me afecta el que te pelees conmigo, sino también el que te pelees con tu otro amante. Es frecuente oír la queja de que el poliamor está lleno de “dramas”. Por todo eso, es importante entrar en este tipo de relaciones con el firme propósito de no comprometer la estabilidad emocional de la gente de nuestro grupo de poliamor.

domingo, 3 de agosto de 2014

Cómo tener orgasmos

El orgasmo femenino no es un mito
Muchas mujeres nunca ha experimentado orgasmos. El porcentaje de mujeres que no tienen orgasmos varían considerablemente de una fuente a otra: desde el 5-15%, a un tercio (33%), hasta el 80% a nivel mundial. Lo que está claro es que muchas mujeres tienen dificultades en alcanzar el orgasmo y lo consiguen con infrecuencia. La anorgasmia puede tener causas fisiológicas que requieren tratamiento médico, pero en la mayor parte de los casos se deben a una mezcla de falta de experiencia, pudor, estrés y rechazo al sexo. Aunque no soy sexólogo, me voy a atrever a escribir una lista de consejos que quizás os puedan ayudar a abrir ese ansiado camino al orgasmo.

1.   Hazlo a solas. Es más fácil llegar al orgasmo a solas que en pareja, porque el meter a otra persona de por medio solo sirve para aumentar el estrés, crear distracciones y sumar sus problemas a los tuyos. Si no consigues llegar al orgasmo, su frustración se sumará a la tuya y tendrás la tentación de culparlo a él (o a ella) del fracaso. Por otro lado, estar sola te permitirá relajarte, disminuir las expectativas, tomarte el tiempo que haga falta y probar técnicas nuevas sin tener que darle explicaciones a nadie.

Frecuencia de masturbación en las mujeres. El 12% no se masturban nunca y el 34% se masturban menos de una vez al mes. Sólo un 4% se masturban a diario o casi a diario.

2.    Mastúrbate a conciencia. Nada de hacerlo medio dormida, con prisas o a escondidas. Elige el momento y el lugar en el que puedas dedicarte a ti misma sin ningún tipo de distracciones. La masturbación debe ser deliberada, planeada con cuidado y merecedora de toda tu atención. No es raro que muchas mujeres no lleguen al orgasmo si tenemos en cuenta lo poco que se masturban (ver gráfico).

3.   No intentes llegar al orgasmo. Sí, lo has leído bien: la mejor manera de tener un orgasmo es olvidarse de tenerlo. Suele ocurrir que el centrarse tanto en el objetivo de tener un orgasmo, y el anticipar la frustración que has sentido al no tenerlos, crea tanta tensión que ella misma se convierte en el mayor obstáculo para llegar al orgasmo. Mastúrbate para darte placer, simplemente. No te frustres si no tienes un orgasmo, sino alégrate por el placer que has sentido. Cuando menos te lo esperes, ese orgasmo tan elusivo hará su aparición.
Familiarízate con la anatomía de tu coño

4.  Explora distintas formas de darte placer. La mayoría de las mujeres llegan al orgasmo estimulándose el clítoris. Sin embargo, hay una minoría considerable de mujeres para las que la estimulación exclusiva del clítoris no funciona. Según mi experiencia, este tipo de mujeres se subdivide en dos categorías. Algunas tienen el clítoris demasiado sensible, por lo que su estimulación directa les resulta desagradable, incluso dolorosa. Paradójicamente, estas mujeres suelen ser a la larga las que tienen los orgasmos más fuertes. Otro tipo de mujeres tienen el clítoris poco sensible: al estimularlo sienten placer, pero no lo suficiente para llevarlas al orgasmo. Si te pasa alguna de estas cosas tendrás que desarrollar una técnica de masturbación propia. Quizás se trate de estimular el clítoris de forma indirecta, acariciándote los labios alrededor del clítoris. Quizás tengas que estimularte los pezones o la vagina al mismo tiempo. Algunas mujeres llegan mejor al orgasmo estimulando el punto G… Pero lee el siguiente consejo…

5.   Explora tu punto G… Pero no te crees demasiadas expectativas al respecto. Ya describí el punto G y la controversia que existe sobre él en otro artículo de este blog (“¿Clítoris o punto G?”). Hay que tener en cuenta varias cosas. Primero, el punto G puede no estar muy bien definido y ser difícil de localizar. Segundo, el punto G sólo proporciona placer cuando ya existe una cierta excitación sexual y después de ser estimulado un cierto tiempo; al principio, el masajearlo puede resultar incluso desagradable. Tercero, el placer derivado del punto G varía mucho de una mujer a otra, desde muy intenso a prácticamente inexistente; sin embargo, ese placer puede entrenarse con la práctica.

6.   Encuentra el juguete sexual adecuado. Vibradores, consoladores, masajeadores Hitachi… Si tienes el dinero para permitírtelo, prueba varios hasta que encuentres uno que te lleve a la gloria. Puede haber una enorme diferencia de un vibrador barato a uno de calidad. También suele ocurrir que es difícil o imposible estimular el punto G con los dedos, mientras que el consolador adecuado te permitirá hacerlos fácilmente.

7.   Haz ejercicios sexuales.  El tener un orgasmo requiere un mínimo tono muscular alrededor de tu vagina.  El masturbarte con frecuencia ya de por sí te ayudará a conseguir ese tono, pero no está de más el practicar ejercicios Kegel para aumentar la fuerza de tu musculatura pélvica. Sin embargo, es importante evitar tensarse al masturbarse. A veces te puede parecer que el tensar todos los músculos del cuerpo al sentirte cada vez más excitada te llevará al orgasmo, cuando en realidad el orgasmo requiere un cierto nivel de relajación.

8.   Estimula tu imaginación. La clave de una buena masturbación es una buena fantasía erótica. Puedes trabajarte el coño todo lo que quieras; si no pasa nada en tu cerebro no llegarás a ninguna parte. No te reprimas, ni te alarmes por las cosas que te vienen a la mente cuando estás excitada… Determinados actos nunca pasarán de la fantasía a la realidad, y eso está bien. Aunque con otros, nunca se sabe… A veces los sueños más inverosímiles se hacen realidad. En cualquier caso, no te cortes, déjate llevar por la imaginación, a lo mejor además de darte placer acabas por descubrir cosas nuevas sobre ti misma. ¿Que tu imaginación no es suficiente? Pues para eso está la literatura erótica, o el cine. Alimenta tu imaginación con una buena dosis de erotismo y verás qué pronto empieza a ir por libre.

9.   Vive en clave erótica. Tu sexualidad no existe sólo al masturbarte o al follar, la llevas puesta todo el día. No, no se trata de tener las bragas mojadas todo el tiempo, pero una cierta tensión sexual ayudará a poner una sonrisa en tus labios y preparará el terreno para tus sesiones íntimas de placer. Sé un pelín narcisista, aprende a apreciar la belleza de tu cuerpo. Vístete, péinate y depílate para ti, para gustarte a ti misma. Ponte ropa interior sexy. Mírate en el espejo y dite: “¡Ya verás esta noche, cuando te pille por banda!”

10.   Una vez que tu cuerpo se aprende el camino al orgasmo, le resulta más fácil recorrerlo. Es una simple cuestión de desarrollar los nervios y los músculos adecuados. Pasa como con el gimnasio: cuando más se repite un ejercicio, mejor se realiza. Los nervios y las sinapsis que llevan el placer desde tu coño a tu cerebro crecen y se refuerzan con cada masturbación, con cada orgasmo, y el placer se vuelve cada vez más fuerte y más fácil de conseguir.

11.   No te conformes con uno… ¡Para eso eres mujer! En eso nos lleváis definitivamente la ventaja a los hombres. No es raro que una mujer tenga tres, cuatro, seis… ¡una docena! de orgasmos en una sesión de masturbación o al hacer el amor (si su amante consigue seguirla hasta ese punto). El primer orgasmo te suele dejar satisfecha y relajada, quizás con ganas de parar, pero si haces un esfuerzo descubrirás lo que han descubierto muchas mujeres: ¡el segundo es siempre mejor!

12.   Comparte tu experiencia con tu pareja. Una vez que consigas tener orgasmos masturbándote puedes tenerlos también haciendo el amor. No te cortes a la hora de decirle al amante de turno lo que funciona y lo que no funciona para ti. Sí, vale que él sea un experto en las mujeres, pero aquí sólo hay una técnica que valga: la que funciona contigo. Si de verdad es un experto en el sexo, se dejará guiar. Pero no olvides que lo recíproco también cuenta: él (o ella) es el mayor experto en su propio placer. Déjate guiar; no hay mayor placer que el dar placer.

13.   No dejes que saboteen tu sexualidad. Rechaza esas ideas tóxicas de castidad, de pudor, de que sentir placer te convierte en una mala mujer, de que amar a los hombres es traicionar a las mujeres. Se infiltrarán en tu inconsciente con su veneno de culpa y de vergüenza, que destruirá no sólo tu placer sino también tu autoestima. Rodéate de amigas y amigos que compartan una visión sana del sexo. Ayuda a escapar a las que siguen prisioneras de la represión. Recuerda: el sexo es política y la revolución empieza en tu propio coño.