domingo, 26 de octubre de 2014

Estados alterados de consciencia en el BDSM


Este artículo fue publicado primero en Cuadernos BDSM, junio de 2014

Uno de los aspectos más fascinantes del BDSM es su capacidad de inducir estados alterados de consciencia. Últimamente esto está generando considerable atención en foros de la comunidad BDSM como FetLife.com, pero desgraciadamente se ha traducido en una serie de mitos pseudociéntificos y técnicas dudosas para inducir liberación de endorfinas y hacer llegar a la sumisa o al sumiso al ansiado “sub-space”, el espacio de sumisión. En este artículo quiero aprovechar mi doble experiencia como practicante del BDSM y científico que investiga los mecanismos de dolor en el cerebro para intentar arrojar algo de luz sobre esta confusión. Debo empezar por advertir que no existe prácticamente ninguna investigación científica sobre los fenómenos neuroquímicos que se producen en las sesiones sadomasoquistas. Además, existen buenas razones para pensar que estos fenómenos se alejan bastante de las respuestas ordinarias al dolor, por lo que mucho de lo que voy a decir aquí es altamente especulativo. Sin embargo, aunque por el momento no estemos en condiciones de decir lo que pasa en el cerebro durante una sesión, sí que podemos usar la evidencia científica para descartar algunos de los mitos existentes y sentar las bases para una investigación seria.

Un excelente libro sobre la consciencia
¿Qué es un estado alterado de consciencia? La consciencia es la facultad mental por la que nos damos cuenta de todo lo que pasa, tanto en el mundo exterior como en el interior de nuestra mente. Nuestra consciencia fluye como el río de experiencias que forma el transcurrir de nuestra vida. Desde nuestro punto de vista, nuestra consciencia lo es todo, ya que da forma y colorea los acontecimientos que jalonan nuestro vivir cotidiano. La realidad que percibimos se ve alterada por el filtro de nuestra consciencia: desaparece cuando dormimos y adquiere un relieve excepcional en determinadas situaciones de peligro en las que nuestro cerebro se vuelve más alerta al mundo circundante. La calidad de nuestra consciencia determina en gran medida nuestra capacidad para ser feliz. Esto se debe a que la consciencia se ve deformada por nuestro estado emocional, que puede llegar a hacer que el mundo que nos rodea se nos antoje un infierno o un paraíso. Desde el principio de nuestra especie, los seres humanos hemos buscado alterar nuestra consciencia consumiendo determinadas drogas o a través de determinadas experiencias extremas. El BDSM entraría en el ámbito de lo segundo. Por supuesto, no toda actividad BDSM va a producir un estado alterado de consciencia, pero las que lo hacen son las que nos dejarán una huella inolvidable… Que puede ser buena o mala, ya que un estado alterado de consciencia puede generar una enorme cantidad de sufrimiento de la misma manera en que puede llevarnos a un estado de extática felicidad.

A continuación voy a proponer una clasificación de estados alterados de consciencia que se pueden producir en una sesión BDSM, basándome en mi propia experiencia, en discusiones con otros practicantes del BDSM y en mis conocimientos de neurociencia.

•    Liberación de endorfinas. Las endorfinas son una familia de cerca de 40 neuropéptidos que son capaces de activar a los mismos receptores donde actúan drogas opiáceas como la morfina. Existen cuatro receptores de opiáceos: el mu, el delta, el kappa y el de nociceptina/orfanina. Los tres primeros disminuyen el dolor (analgesia), mientras que el cuarto lo aumenta. Además de su efecto analgésico, los receptores mu y delta producen una sensación de bienestar o euforia, mientras que los receptores kappa producen un profundo malestar emocional llamado disforia. Las endorfinas se liberan a la sangre desde la glándula pituitaria; sin embargo esto no produce estados alterados de consciencia, ya que las endorfinas presentes en la sangre no pueden atravesar la barrera hemato-encefálica para actuar sobre el cerebro. Por lo tanto, son las endorfinas liberadas por determinadas neuronas en el propio cerebro y en la médula espinal las que son capaces de alterar la consciencia. Hay que tener en cuenta además que las endorfinas se liberan independientemente en distintas áreas del cerebro, por lo que no existe un estado generalizado de “liberación de endorfinas” sino múltiples estados dependiendo de dónde se hayan liberado estos neuropéptidos. De todas formas, se puede decir que la liberación de endorfinas durante una sesión BDSM produce disminución del dolor y un estado de euforia mezclado con una sensación de calma, relajación e incluso sueño. La sumisa vuelve la atención hacia adentro, desconectando con lo que la rodea y entrando en un mundo de fantasía. La liberación de endorfinas se puede inducir administrando dolor en intensidades paulatinamente crecientes en un ambiente de amparo emocional en la que el sumiso pueda absorber sensaciones sin tener que dar una respuesta a ellas. Se puede comprobar que se han liberado endorfinas por la presencia de una disminución del ritmo cardíaco.

•    Liberación de nor-adrenalina. La nor-adrenalina o nor-epinefrina es un neurotransmisor que, como las endorfinas, se libera en las vías nerviosas que controlan el dolor y produce analgesia. De hecho, me consta muchas de los estados de insensibilidad al dolor que se producen en sesiones sadomasoquistas y que se atribuyen a las endorfinas son mediados en realidad por la nor-adrenalina. Como en el caso de las endorfinas, no se debe confundir la liberación de adrenalina en la sangre, que no afecta al cerebro, con la liberación de nor-adrenalina en determinadas vías nerviosas en el cerebro, aunque a menudo ambas cosas ocurren al mismo tiempo. El dolor, cuando va unido al miedo y al estrés en una situación que demanda una reacción de la sumisa, es lo que libera la nor-adrenalina. La liberación de nor-adrenalina y de endorfinas se oponen mutuamente, por lo que no se producen al mismo tiempo. Sin embargo, puede ocurrir que en una sesión el sumiso alterne entre estados de liberación de adrenalina y de liberación de endorfinas. Aunque ambos estados suponen una disminución del dolor, en otras cosas no se parecen en nada. La nor-adrenalina lleva a un estado de mayor alerta a los estímulos externos, que parecen aumentar de intensidad y brillantez. La sumisa grita, se mueve, reacciona. Su ritmo cardíaco se acelera. No obstante, este estado puede ser tan eufórico y placentero como el de liberación de endorfinas.

•    Espacio de sumisión (“sub-space”). El término inglés “sub-space” se suele utilizar de forma indiferenciada para referirse a los estados alterados de consciencia descritos más arriba. Sin embargo, la liberación de endorfinas y de adrenalina se suele inducir por dolor y por lo tanto corresponden a la práctica del sadomasoquismo, mientras que el espacio de sumisión propiamente dicho corresponde a la práctica de la Dominación-sumisión (D/S) y no requiere la administración de dolor. Entiendo el espacio de sumisión como un estado mental en el que la atención de la sumisa se concentra completamente en el Dominante y en los sentimientos de entrega y obediencia que él evoca. Desde el punto de vista de la neurociencia, cabe pensar que el espacio de sumisión es producido por la liberación de oxitocina en el cerebro, una “hormona social” que produce confianza y vinculación afectiva. También puede involucrar la liberación de dopamina en la llamada “vía del placer” que termina en el núcleo accumbens, el lugar donde actúan muchas drogas que producen adicción. La serotonina, un neurotransmisor de efectos muy complejos, también puede mediar este estado de calma rendición. De todas formas, al contrario que la liberación de endorfinas y nor-adrenalina, el espacio de sumisión no es una simple respuesta refleja, sino un estado emocional en el que se entra en gran medida a voluntad y que admite muchas variantes y gradaciones. Estados de espacio de sumisión profundos suelen requerir un largo periodo de entrenamiento, toma de confianza y vinculación afectiva con el/la Dominante.

•    Espacio de Dominación (“Top-space”). Aunque se suele hablar poco de este estado, cabe pensar que es tan importante para el Dominante como el espacio de sumisión lo es para la sumisa. Es sabido que un buen Dominante es el que es capaz de “leer” las reacciones físicas de la sumisa para deducir de ellas su estado mental. Tanto el “Top” de una sesión sadomasoquista como el Dominante en una relación D/s deben enfocar toda su atención en la persona con la que hacen la sesión, sintiendo empatía y elevando al máximo la vinculación emocional con ella. En este sentido, el espacio de Dominación debe tener muchos puntos en común con el espacio de sumisión y desde luego es igualmente satisfactorio. Quizás junto a la liberación de oxitocina se produce liberación de vasopresina, la otra “hormona social” que además induce sentimientos de posesión y territorialidad y predomina en los machos. En sesiones sadomasoquistas en las que el “Top” administra dolor intenso al “bottom” debe de producirse una importante liberación de nor-adrenalina por empatía, lo que reforzaría la concentración y el control que ejerce el “Top” en la sesión.

•    Bajón de sumisión (“sub drop”). Muchas sumisas se quejan de que, después de una intensa sesión BDSM en la que han llegado a un estado alterado de consciencia, entran en una fase de baja energía, apatía y disforia cercana a la depresión. Es posible que esto se deba a un efecto de péndulo que compensa la libración de neurotransmisores de efectos eufóricos durante la sesión. Sin embargo, el “bajón de sumisión” debe tener explicaciones más complejas, pues cuando lo examinamos con detenimiento observamos que dista mucho de ser uniforme. En primer lugar, algunas personas nunca lo experimentan mientras que llega a ser muy fuerte en otras. En segundo lugar, parece haber al menos dos tipos de bajones, uno que se experimenta inmediatamente al finalizar la sesión y que se puede tratar con cuidados posteriores (“aftercare”) por parte del Dominante, y otro que se nota uno, dos o tres días después de la sesión y que puede llegar a durar varios días. Creo que es importante no aceptar automáticamente al “bajón de sumisión” como algo normal, sino investigar si la sesión ha revuelto determinados contenidos emocionales del pasado que deben ser examinados por el sumiso. Por otra parte, usando los parámetros que he dado más arriba, cada sumisa debe considerar si la sesión ha supuesto liberación de endorfinas, de nor-adrenalina o espacio de sumisión, y cómo varía el bajón de sumisión con cada una de estas cosas.

Quiero acabar con una idea que me parece importante. No deberíamos tratar a los estados alterados de consciencia que se producen en las sesión de BDSM de forma frívola, como si se trataran de una droga más. Si así fuera, quizás sería más conveniente consumir drogas en vez de sufrir todo ese trabajoso proceso. Yo creo que los estados alterados de consciencia en el BDSM son valiosos en función del contexto en el que se dan: el de una profunda relación personal entre las personas que participan en la sesión. No se trata, por lo tanto, de si liberamos un neurotransmisor u otro, sino del significado profundo que la sesión ha aportado a nuestra vida… Quizás ha supuesto una catarsis, el afloramiento de problemas psicológicos que llevaban largo tiempo enquistados en nuestra mente y de los que la sesión nos ha liberado. Quizás hemos descubierto una parte de nosotros mismos que desconocíamos hasta ahora. Cada vez somos más los que entendemos el BDSM como algo espiritual, como un proceso de autodescubrimiento y transformación personal que contribuye a enriquecer nuestra vida y a hacernos más felices.

sábado, 18 de octubre de 2014

Clítoris-centrismo: la nueva normativa sexual

Una “normativa”, en el lingo postmodernista adoptado por muchos escritores progresistas, consiste en una serie de reglas de conducta impuestas por la cultura dominante por las que se nos hace pagar un precio en rechazo social cuando las infringimos. En materias de sexo, la antigua normativa era que la relación sexual debía consistir en la penetración de la mujer por el hombre, preferiblemente con él encima en la postura del misionero. La mujer debía llegar al orgasmo por la estimulación de la vagina por el pene, y si lo hacía al mismo tiempo que le hombre, pues mejor que mejor. En su denuncia de esta visión tan limitada del sexo, muchas feministas se apresuran a citar a Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, quien al parecer clasificó a las mujeres en “clitorianas” y “vaginales” según tenían orgasmos por estimulación del clítoris o la vagina, y señaló que el orgasmo vaginal representaba un mayor grado de madurez sexual.

Esta visión del sexo fue criticada por primera vez en los dos libros que forman los llamados “Kinsey Reports” publicados en 1948. En ellos Alfred Kinsey escribe que la mayoría de las mujeres que entrevistó no podían tener orgasmos vaginales y propone que el clítoris es el centro de la respuesta sexual femenina, relegando a la vagina a un papel de menor importancia. En los años 70, el feminismo de la segunda ola, sobre todo el feminismo anti-porno, construyó toda una ideología sexual en torno a los informes de Kinsey, en la que la penetración era considerada como un acto intrínsecamente violento y degradante para la mujer. De acuerdo con esta nueva visión del sexo, el orgasmo vaginal no existe, es sólo una invención del patriarcado para hacer que las mujeres se sometan al coito y tengan hijos. El clítoris adquiere así todo un simbolismo del nuevo poder de la mujer: representa su capacidad de alcanzar el placer independientemente del hombre. El pene ya no es necesario y, de hecho, el acto sexual ideal para la mujer consistirá en la estimulación manual u oral (cunnilingus) del clítoris. Como esto se lo puede hacer una mujer a otra, el lesbianismo se convierte en la relación perfecta, ya que contribuye a los objetivos del feminismo separatista, que consisten en que las mujeres construyan una sociedad al margen de la de los hombres. La ironía de todo esto es que, dado que el clítoris es el análogo fisiológico del pene en la mujer, en el fondo de lo que se trata es de sustituir una cultura falocéntrica por una cultura clítoris-céntrica, al mismo tiempo que el feminismo de la segunda ola recogía los esquemas de superioridad, violencia y poder del machismo y se limitaba a hacerles un cambio de sexo.

Aparece así una nueva normativa, tan limitada y represora como la anterior, que impone una forma políticamente correcta de hacer el amor. Desgraciadamente, aún después de la Guerra del Sexo que desbancó las ideas sexo-negativas del feminismo anti-porno, esta normativa clítoris-céntrica sigue siendo predicada por muchos sexólogos. Por ejemplo, esto lo vemos en el artículo “La erección en una mujer necesita 20-30 minutos de la adecuada estimulación de su clítoris”basado en este artículo en inglés. En ellos se nos dan claras instrucciones sobre la manera políticamente correcta de follar: estimulando el clítoris durante 20-30 minutos antes de la penetración. Al parecer, nadie quiere darse cuenta de que esto es tan limitante y falto de imaginación como la antigua postura del misionero.

Por supuesto, no voy a negar que el clítoris es una parte importante de la anatomía sexual femenina, quizás la más importante, como ocurre con el pene en el hombre. También es cierto que para la mayoría de las mujeres la estimulación del clítoris es la manera más efectiva de obtener un orgasmo… aunque no la única. El problema es que, como pasa con todas las normativas, las nuevas reglas afirman la sexualidad de unas al tiempo que invalidan la sexualidad de otras. Porque lo que ocurre en realidad es que la respuesta sexual de las mujeres no es uniforme sino increíblemente variada. Hay una amplia minoría de mujeres a las que no les gusta alcanzar el orgasmo con la estimulación del clítoris. Yo he conocido a varias:

•    Caso A - Esta amiga mía de 48 años me confesó que llevaba toda la vida intentando conseguir un orgasmo estimulándose el clítoris sin lograrlo. Una vez estuvo masturbándose varias horas, hasta que el clítoris se le irritó tanto que tuvo que dejarlo. Sin embargo, ella consigue llegar regularmente al orgasmo cuando se masturba metiéndose dedos y una toalla en la vagina. Su problema parece ser que su clítoris no es lo suficientemente sensible para llevarla al orgasmo.

•    Caso B - A esta mujer, también madura, le ocurre lo contrario que a A: tiene el clítoris tan sensible que su estimulación directa le resulta dolorosa. Sin embargo, B es multiorgásmica y pude llegar al clímax de muchas maneras: penetración vaginal, anal o incluso con una simple azotaina.

•    Caso C - Mujer post-menopáusica con una enorme facilidad para llegar al orgasmo. Empezó por correrse cuando le di una azotaina y ya no paró de hacerlo todo el rato que estuvimos haciendo el amor. Sus orgasmos eran tan intensos que parecían ataques epilépticos, poniendo los ojos en blanco y llegando a perder el conocimiento. En ningún momento le estimulé el clítoris, ya que parecía completamente innecesario. Lo más curioso es que al terminar siguió teniendo orgasmos espontáneos durante un buen rato sin ningún tipo de estimulación sexual. Para mí, esto significa que el orgasmo puede ser un fenómeno puramente cerebral, desligado tanto del clítoris como de la vagina.

Existen estudios científicos que avalan mi experiencia personal. Por ejemplo, Dwyer (2012) escribe:

“La existencia del punto G es aceptada por muchas mujeres; un cuestionario anónimo que fue distribuido entre 2,350 mujeres profesionales en EE.UU. y Canadá encontró que el 84% de las mujeres ‘creían que un área de alta sensibilidad existe en la vagina’. De las mujeres que respondieron, el 40% dijeron que tenían una emisión de fluidos (eyaculación) en el momento del orgasmo. Además, el 82% de las que dijeron tener la zona sensible (punto Grafenberg) también dijeron eyacular durante el orgasmo”.

¿Entonces va a resultar que Freud tenía razón y que hay mujeres “clitoridianas” y mujeres “vaginales”? Yo creo que eso es simplificar demasiado las cosas. Lo que ocurre es que existe una gran variedad en las respuestas sexuales de las mujeres. Todas son igualmente válidas, por supuesto.

Ilustración herética mostrando la localización del punto G
Pero hay más. Cuando examinamos el caso de la sexualidad masculina vemos que el principal obstáculo para obtener una respuesta más placentera es que se considere al pene como la única fuente de placer. Otras zonas erógenas del cuerpo masculino incluyen los pezones y la próstata, que todo hombre que quiera desarrollar su sexualidad más plenamente debería explorar. Pero no deja de resultar curioso que al mismo tiempo que invitamos a los hombres a investigar este tipo de sensaciones, rompiendo los tabúes culturales que existen contra ellas, les digamos a la mujeres que se conformen con su placer clitoriano y no vayan más lejos en la exploración de todas las posibilidades que les ofrece su cuerpo, que son muchas y más asequibles que las del cuerpo masculino. Por ejemplo, el orgasmo prostático que algunos hombres consiguen alcanzar (y que no se parece en nada al que se obtiene estimulando el pene) tiene muchas similitudes con el orgasmo vaginal femenino. Quizás esto se deba a que las glándulas de Skene que están debajo del punto G son en realidad una próstata femenina, de la que proviene la eyaculación que experimentan muchas mujeres (Davidson, Darling et al. 1989; Darling, Davidson et al. 1990; Schubach 2002; Thabet 2009; Dwyer 2012). Esto contradice el dogma que hoy en día repiten hasta la saciedad muchos sexólogos: “existe un solo tipo de orgasmo”. Si en el hombre son posibles dos tipos distintos de orgasmo, el del pene y el de la próstata, ¿por qué no iba a pasar lo mismo en la mujer? ¿Cuál es la evidencia fisiológica de que sólo exista un tipo de orgasmo? ¿Qué criterios podemos aplicar para decidir que orgasmos que se originan en distintos sitios son en realidad lo mismo? Esta idea clítoris-céntrica de los sexólogos parece basada más en la ideología del feminismo anti-porno de la que hablaba antes que en observaciones con base científica (Gerhard 2000; Jannini, Whipple et al. 2010). Por otro lado, mujeres con amplia experiencia sexual dicen claramente que para ellas, el orgasmo vaginal y el orgasmo clitoriano se experimentan de formas muy distintas (Korda, Goldstein et al. 2010).

Está muy bien querer educar a la gente en cómo vivir una vida sexual más sana, y de paso romper los viejos esquemas culturales del patriarcado y el conservadurismo sexo-negativo, pero hay que tener cuidado que al hacerlo no creemos otras normativas que resulten tan opresoras como la anterior.

Referencias

Darling, C. A., J. K. Davidson, Sr., et al. (1990). "Female ejaculation: perceived origins, the Grafenberg spot/area, and sexual responsiveness." Arch Sex Behav 19(1): 29-47.

Davidson, J. K., Sr., C. A. Darling, et al. (1989). "The role of the Grafenberg Spot and female ejaculation in the female orgasmic response: an empirical analysis." J Sex Marital Ther 15(2): 102-120.

Dwyer, P. L. (2012). "Skene's gland revisited: function, dysfunction and the G spot." Int Urogynecol J 23(2): 135-137.

Gerhard, J. (2000). "Revisiting "the myth of the vaginal orgasm": the female orgasm in American sexual thought and second wave feminism." Fem Stud 26(2): 449-476.

Jannini, E. A., B. Whipple, et al. (2010). "Who's afraid of the G-spot?" J Sex Med 7(1 Pt 1): 25-34.

Korda, J. B., S. W. Goldstein, et al. (2010). "The History of Female Ejaculation." J Sex Med 7(5): 1965-1975.

Schubach, G. (2002). "The G-spot is the female prostate." Am J Obstet Gynecol 186(4): 850; author reply 850.

Thabet, S. M. (2009). "Reality of the G-spot and its relation to female circumcision and vaginal surgery." J Obstet Gynaecol Res 35(5): 967-973.


jueves, 16 de octubre de 2014

El Opus Dei, “La Isla” de Aldous Huxley, “Historia de O” y otras notas

O y René en la película Historia de O
Estoy preparando una nueva edición de mi novela Juegos de amor y dolor en la que la única novedad será la inclusión de hiperenlaces (“hyperlinks”) a una serie de notas situadas al final de la novela. Otro hiperenlace al final de cada nota permite volver al punto donde se dejó la historia. Las notas proporcionan información sobre aspectos de la realidad política y social de la España de la Transición que forma el telón de fondo de la novela. También incluyo muchas otras cosas interesantes, como explicar de cómo eran los libros, las películas y la música que disfrutaba Cecilia, y aportar la información que reuní en mi trabajo de documentación.

Éstas son algunas de las notas (no todas) que escribí para el primer capítulo, Secuestro en Perpiñán.

Opus Dei - Organización católica de ideología conservadora cuya doctrina principal es encontrar la santidad en el trabajo cotidiano. Su nombre oficial es Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei. “Opus Dei” significa en latín “Obra de Dios”. Fue fundado en 1928 por el sacerdote José María Escrivá de Balaguer (6 de enero, 1905 - 26 de junio, 1975). Opera a base de reclutar miembros de las élites política, intelectual y económicas, a menudo cuando son aún adolescentes. Una vez que alguien se hace miembro de la organización es aislado de su familia de origen y guiado de forma estricta en todas las facetas de su vida. Los miembros numerarios tienen que donar todo lo que ganan al Opus Dei, devolviéndoseles una cantidad para sus gastos cotidianos. Aunque no hacen votos como los monjes, los miembros “numerarios” deben vivir en pobreza, castidad (que incluye el no casarse) y obediencia a sus superiores en la organización. Se albergan con otros numerarios en apartamentos regentados por las organización. Casi todos los miembros son numerarios, pero existe otra categoría, los “supernumerarios”, que están casados y gozan de independencia económica. Las deserciones de miembros del Opus Dei son muy frecuentes, y muchos  de los que se van se quejan de presiones psicológicas y manipulaciones de todo tipo mientras eran parte de la organización. Se ha criticado sobre todo la práctica del Opus Dei de incitar a hacerse miembros a menores de edad, normalmente a partir de los 14 años (que fue la edad a la que a mí me invitaron a hacerme miembro numerario). En los años 50 el Opus Dei se instaló en el poder dentro del régimen de Franco, que necesitaba una élite de intelectuales afectos al régimen para compensar la fuga de cerebros que representó el exilio de una buena parte de los intelectuales españoles al final de la Guerra Civil. En los años 60 el Opus Dei había infiltrado las clases políticas y financieras de España, llegando a colocar a algunos de sus miembros en el gobierno como ministros.

La Isla de Aldous Huxley - Ésta fue la última novela escrita por Aldous Huxley antes de su muerte en 1963. Mitad ficción, mitad ensayo, en ella refleja sus ideas más avanzadas sobre sexualidad, religión, misticismo, educación y drogas psicodélicas. En gran medida supuso un adelanto de las ideas contraculturales de los años 60. La novela nos muestra la utópica isla de Pala, en la que existe un régimen político basado en una mezcla de ideas científicas y progresistas y misticismo Hindú y Budista. Entre otras ideas revolucionarias, Huxley propugna parejas abiertas en las que no existen los celos, familias comunitarias donde los niños son educados y cuidados por múltiples adultos, no sólo los padres, distribución igualitaria del trabajo y la riqueza, y el uso de drogas psicodélicas (en particular una ficticia llamada soma) para entrar en contacto con una realidad transcendente. Son ideas que Julio sabe que entrarán en conflicto con la visión conservadora del mundo de Cecilia. El que Julio estuviera expuesto a estas ideas explica que más adelante quiera construir su relación con Cecilia como pareja abierta.

Rock Sinfónico - También llamado “rock progresista”, se trata de un tipo de música que evolucionó en Europa en los años 70 a partir del rock y que está representada principalmente por los grupos Pink Floyd, Genesis, Camel, Yes, King Crimson, Jethro Tull y Emerson, Lake and Palmer. Los integran músicos formados en conservatorios e influenciados por la música clásica y el jazz, que fusionan con el rock para crear temas muy complejos y elaborados. Este tipo de música también está muy influenciado por la mitología clásica, la ciencia-ficción, el misticismo oriental y las drogas psicodélicas.

Arias Navarro - Carlos Arias Navarro era presidente del gobierno cuando murió Franco y fue quien anunció su muerte por televisión. Permanecerá en el poder hasta julio de 1976, cuando el rey Juan Carlos lo remplaza por Adolfo Suárez, el promotor de la Transición española. Arias Navarro tuvo un pasado oscuro durante la Guerra Civil, siendo responsable de la matanza de mucha gente en Málaga. Se le atribuye la muerte de unos 4,300 republicanos, lo que le valió el apodo de El carnicero de Málaga.

La mayoría vota huelga - Durante esos años había una cadena continua de huelgas, asambleas y manifestaciones de estudiantes en la universidad. Yo las viví, ya que hice la carrera entre 1974 y 1979. Los estudiantes e incluso una buena parte del profesorado eran demócratas y de izquierdas. Los partidos (ilegales) de izquierdas habían infiltrado completamente la universidad, desde donde movilizaban a los estudiantes contra el régimen. Con parte del profesorado apoyando a los estudiantes, había tal vacío de poder que los alumnos votábamos las fechas de los exámenes y cuándo empezar las vacaciones.

Historia de O - Película estrenada en 1975 y basada en la novela erótica del mismo título escrita por Pauline Réage (cuyo nombre real era Anne Desclos). Cuenta las aventuras de O, una joven parisina que vive una intensa aventura sadomasoquista con su novio René y más tarde con Sir Stephen, un dominante aún más estricto. La historia empieza en el Parc de Montsouris. Allí René y O se suben a un coche que los llevará a Roissy, una mansión en el campo. René la deja allí, donde la desnudarán, la azotarán y la someterán a una violación ritual en grupo. A continuación, O es estrenada en Roissy durante un tiempo como esclava sexual. Más adelante, René la entrega a Sir Stephen, quien promete a O que lo servirá sin amarlo y sin que él la ame. Sir Stephen lleva a O a Samois, otra casa de campo regentada por Anne-Marie, quien marca a O con un hierro al rojo a petición de Sir Stephen (todo lo que ocurre en la historia se hace con el consentimiento de O). En mi novela uso la Historia de O como una referencia mítica que guiará las aventuras de Julio y Cecilia.

Editorial Ruedo Ibérico - Editorial fundada en 1961 en París por cinco exiliados españoles, entre ellos Nicolás Sánchez Albornoz and José Martínez Guerricabeitia. Estaban determinados a publicar libros que contrarrestaran la propaganda del régimen de Franco, que luego introducían clandestinamente en España. Entre 1966 y 1977 consiguieron publicar 150 libros, incluidos El Opus Dei en España y una traducción al español de La Guerra Civil Española de Hugh Thomas. Lo que le pasa a Cecilia en esa librería de Perpiñán está basado en un hecho real que me ocurrió a mí: en 1977 estaba ojeando un libro parecido, también en Perpiñán, en el que encontré el nombre de mi padre.

Agencia EFE - La agencia española de noticias creada (o refundada) en 1939 por el cuñado de Franco y Ministro de Prensa y Propaganda, Ramón Serrano Súñer. Par ello contó con la colaboración del periodista y político falangista Manuel Aznar Zubigaray, abuelo de José María Aznar, quien sería presidente del gobierno entre 1996 y 2004. Fue el mayor organismo de propaganda durante la dictadura de Franco. Hoy en día es la primera agencia del mundo de noticias en español y la cuarta en total.

Asesinato del Almirante Carrero Blanco - Luis Carrero Blanco fue presidente del gobierno  de España durante la dictadura franquista, de junio a diciembre de 1973. El anterior presidente fue el propio Franco, quien quería dejar a Carrero instalado en el poder, quizás para equilibrar las tendencias demócratas del futuro rey Juan Carlos. Carrero Blanco era un hombre profundamente religioso que trajo al poder a muchos miembros del Opus Dei. Fue asesinado el 20 de diciembre de 1973 por la organización terrorista ETA en lo que fue llamado “Operación Ogro” (existe una película sobre el tema con ese título). Su coche oficial blindado fue volado por encima de una tapia por una potente bomba. Tras su muerte tuvo lugar una reestructuración del gobierno que resultó en el Opus Dei perdiendo terreno a favor de los falangistas. El padre de Cecilia estaba conectado con el Opus Dei y por lo tanto también perdió poder tras la muerte de Carrero. El siguiente presidente del gobierno, nombrado por Franco, fue Carlos Arias Navarro, quien todavía estaba en ese cargo cuando murió Franco dos años más tarde, el 20 de noviembre de 1975. Muchos consideran el asesinato de Carrero Blanco como el comienzo de la Transición de España hacia la democracia, ya que quizás dicha transición no hubiera podido producirse si Carrero estuviera aún vivo.

Con un condón en la mano - Cualquier tipo de anticonceptivo, incluidos los preservativos, estaba prohibido durante la dictadura de Franco. Sin embargo, en los años 70 los condones eran relativamente fáciles de conseguir en el mercado negro, incluso en algunas farmacias. Algunos médicos y organizaciones progresistas le daban la píldora a mujeres que sabían cómo preguntar.


sábado, 11 de octubre de 2014

Sólo los buenos mueren jóvenes (Billy Joel)

Hacía ya tiempo que había acabado de escribir "Juegos de amor y dolor" cuando descubrí esta vieja canción de Billy Joel, con una letra muy parecida a las cosas que le decía Julio a Cecilia al principio de la novela, cuando ella era una meapilas. Por ejemplo, véase la escena del hotel de Perpiñán que publiqué hace poco (¿Es pecado recibir una azotaina?). Os dejo la traducción de la canción y un vídeo de la misma. La letra original en inglés se pude leer aquí.


¡Vamos, Virginia, no los hagas esperar!
Las chicas católicas empezáis demasiado tarde.
Ah, pero tarde o temprano es cuestión del destino
¡Oh! quizás sea yo a quien elijas.

Vale, te enseñaron una estatua y te dijeron que rezaras
Te construyeron una iglesia y te encerraron
¡Ah! pero nunca te dicen el precio que ibas a pagar
Todas las cosas que podrías haber hecho.
Sólo los buenos mueren jóvenes.
Eso es lo que dije.
Sólo los buenos mueren jóvenes.
Sólo los buenos mueren jóvenes.

Seguramente habrás oído decir que ando con gente peligrosa
No somos ni demasiado atractivos ni demasiado orgullosos
Y puede ser que nos riamos demasiado fuerte
¡Ah! pero eso nunca le hizo daño a nadie.

Venga, Virginia, dame una señal
Mándame una señal y te echaré un cabo
Las vidrieras de colores tras las que te escondes
(ya sabes)
No dejan entrar el sol
Cariño, sólo los buenos mueren jóvenes.
Woa, te digo
Sólo los buenos mueren jóvenes.
Sólo los buenos mueren jóvenes.

Tuviste un vestido muy bonito y una fiesta en tu primera comunión
Estrenaste un alma nueva
Mmm, y una cruz dorada
Pero, Virginia, no te dieron suficiente información
No contabas conmigo
Cuando desgranabas las cuentas de tu rosario
(Oh woa, woa)

Te dicen que el Cielo es para las que esperan
Hay quien dice que es lo mejor, pero yo te digo que no
Prefiero reír con los pecadores que llorar con los santos
Los pecadores son mucho más divertidos

Sabes, sólo los buenos mueren jóvenes.
Eso es lo que dije.
Te digo que
Sólo los buenos mueren jóvenes.
Sólo los buenos mueren jóvenes.

viernes, 10 de octubre de 2014

¿Cómo nos podemos fiar de lo que dice un artículo científico?

La inmensa mayoría de los artículos científicos que se publican pasan enteramente desapercibidos, a pesar de que hay muchos de gran calidad y de una enorme repercusión. Por otro lado, hay veces que un solo artículo científico es recogido por la prensa y sus resultados exagerados para hacerlos parecer que se acaba de descubrir algo que transformará nuestra vida de forma radical o que se ha desbancado un “mito” preexistente. Como hoy en día hace falta hacer una carrera para siquiera empezar a entender el contenido de uno de esos artículos, al público en general (y a los periodistas, aunque no lo quieran reconocer) le resulta imposible juzgar hasta qué punto es cierta la noticia.

 Por ejemplo, hace poco se publicó en una oscura revista científica (Clinical Anatomy, índice de impacto 1.157) un artículo que dice desbancar el “mito” del orgasmo vaginal, y que fue anunciado a bombo y platillo por el periódico ABC y en el blog de la Mosca Cojonera. La cita del artículo original es la siguiente:

Puppo, V. and Puppo, G. (2014), Anatomy of sex: Revision of the new anatomical terms used for the clitoris and the female orgasm by sexologists. Clin. Anat. doi: 10.1002/ca.22471 http://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1002/ca.22471/abstract

Quizás otro día vuelva a escribir sobre el debate de si existen distintos tipos de orgasmos femeninos (clitoridal, vaginal, anal, etc), uno sólo, o si es como el misterio de la Santísima Trinidad donde son tres y uno a la vez. Como ya hablé de este tema en uno de los artículos más leídos de este blog, hoy quiero dar algunos parámetros para orientarse a la hora de juzgar un artículo científico. Aunque no podamos entender los detalles que se explican en ese artículo, éstas son algunas de las cosas que debemos preguntarnos:

1.   ¿Está publicado en una revista con “peer review”? “Peer review” es el estándar básico de calidad científica. Quiere decir que el artículo ha sido leído y criticado de forma anónima por al menos dos científicos expertos en ese campo, que no son amigos (¡o enemigos!) de los autores. La mayoría de los artículos científicos no son publicados tal y como se presentan, sino sólo cuando se han subsanado una serie de pegas de los revisores, lo que a menudo requiere hacer nuevos experimentos. Y muchísimos artículos son rechazados sin siquiera oportunidad de revisión. Si la revista no tiene “peer review”, eso quiere decir que el artículo ha sido publicado basado simplemente en el criterio del editor, que puede saber mucho pero que no pude ser un experto en todos los campos en que publica. Hay revistas muy prestigiosas, como Scientific American, que no tienen “peer review”, sino que encargan artículos a científicos punteros en su campo.

2.   ¿Se trata de un artículo de investigación o de una revisión (“review”)? Un artículo de investigación es el que contiene resultados originales obtenidos en el laboratorio (investigación básica), en estudios con pacientes (investigación clínica) o en trabajo de campo (en ciencias como la palentología o la zoología, por ejemplo). En el artículo se detallan los métodos empleados, los resultados obtenidos (en figuras y tablas) y cómo los interpretan los autores a la luz de lo que han hecho otros antes. Una revisión no presenta resultados originales, sino que consiste en una compilación de todo el trabajo hecho sobre un determinado tema. Tanto los artículos de investigación como las revisiones son importantes para el avance de la ciencia Pero ¡ojo!  que en una revisión es mucho más fácil para el que la escribe introducir su sesgo y opinión personal, escogiendo qué trabajos citar y cuáles dejar fuera. Esto lo suele paliar la “peer review”, pero no siempre es así.

3.    ¿Cuál es el prestigio de la revista dónde se publica? Hay miles de revistas científicas que publican docenas de artículos en cada número y que se publican a menudo bisemanal o semanalmente, con lo que el flujo de artículos científicos que salen a la luz es inmenso. Las revistas se especializan por campos de investigación, pero también existe una jerarquía muy estricta de calidad. En la cúspide tenemos revistas que publican trabajos de gran impacto en todos los campos de la ciencia: Nature, Science, Proceedings of the National Academy of Sciences USA (PNAS). A la misma altura tenemos revistas que publican sobre la biomedicina ampliamente entendida (Cell) y la cúspide de las revistas de medicina (The Lancet, New England Journal of Medicine). Luego vienen una serie de revistas especializadas pero de enorme prestigio; por ejemplo, en neurosciencia están Neuron, Nature Neuroscience y Journal of Neuroscience. Esta jerarquía no establece porque sí, sino que está basada en una medida objetiva llamada “índice de impacto”, creada en 1975 por el Institute for Scientific Information. El índice de impacto se basa en las veces que los artículos en una revista son citados en todas las otras revistas, algo que se mide de forma continua. Por ejemplo, Nature tiene un índice de impacto de 30. 98, Journal of Neuroscience de 6.75 y Neuroscience Letters de 2.05. Hoy en día se puede saber incluso el índice de impacto de solo artículo. Todo esto fija el campo en el que se juega el juego del prestigio científico. Cada científico intenta colocar sus artículos en la revista de mayor índice de impacto posible, pero si apunta muy alto corre el riesgo de que sea rechazado y tener que volver a empezar. Y no vale mandar el mismo artículo a dos revistas a la vez, eso no está permitido y te descubren enseguida. Por lo tanto, el sistema se perpetúa: las mejores revistas siguen arriba porque continúan recibiendo los mejores artículos, y si tu trabajo es malo acabas por tener que publicarlo en una revista de poca reputación a la que no le vas ayudar mucho al hacerlo. Esto afecta al sistema de “peer review”: las revistas del montón tienen problemas para cubrir su cuota de artículos y pueden llegar a convertirse en un “coladero” de trabajos de muy mala calidad.

4.    ¿Cuál es el prestigio del investigador? Las carreras científicas se labran a base de prestigio. Los campos especializados suelen ser a menudo bastante restringidos, con lo que todo el mundo acaba por conocerse. De la misma manera que se reconoce a los científicos esforzados, meticulosos y capaces de reconocer sus propios errores, también se acaba por saber quién es poco cuidadoso, dogmático y amigo de esconder su propia basura.

5.    ¿Qué acogida tiene el artículo por otros científicos? En ciencia no se suele criticar a los artículos malos, simplemente se los ignora. Si no te citan, vas de culo. Esto es normal, porque como se publica tanto nadie tiene tiempo para criticar lo malo, sólo para ensalzar lo bueno y construir sobre ello. Una consecuencia importante de esto es que ponerse a tirar cohetes por un artículo que acaba de salir, como hace la prensa, está completamente fuera de lugar. Un artículo tiene que pasar la prueba del tiempo. Muchos descubrimientos sensacionales (por ejemplo, la “fusión fría”) acabaron por ser completamente desbancados a los pocos meses. Nuevamente, el número de citas y el índice de impacto nos sirve de guía sobre como es aceptado el artículo por la comunidad científica.

Raramente podemos juzgar sobre un tema científico basándonos en un único artículo, sino que debemos tener en consideración todo lo que se ha escrito sobre un tema. Esto es cierto aunque se trate de un artículo de revisión, pues estos suelen venir muy a menudo influenciados por las opiniones del autor. Hay que tener en cuenta de que las controversias son muy comunes en ciencia, hay algunas muy acerbas y que tardan décadas en resolverse. Por lo tanto, cuando se trata un tema controvertido lo honesto es reconocer inmediatamente la controversia, aunque a continuación vayamos a tomar parte por uno de los bandos. Cuando no se hace así los científicos que nos lean nos calificarán de deshonestos y dogmáticos y nos volverán la espalda. Los criterios de lo que es verdad, lo que es falso y lo que es mentira son muy distintos entre la ciencia y el periodismo, y no digamos ya en la política. Por eso los científicos quieren siempre establecer una separación muy clara entre lo que es ciencia y lo que no lo es. La ciencia es lo que hace funcionar a la sociedad moderna y nada nos garantiza que seguirá funcionando tan bien como la ha venido haciendo hasta ahora. Cuidarla y respetarla es misión de todos.

Dedicado a La Mosca Cojonera, para que siga realizando la labor tan valiosa que hace.

lunes, 6 de octubre de 2014

¿Es pecado recibir una azotaina?


Esta es la escena central del primer capítulo de mi novela “Juegos de amor y dolor”. He introducido algunas modificaciones al final que resaltan las dudas de Cecilia. Para los que no hayáis leído la novela, la historia empieza en enero de 1976 cerca de la ciudad francesa de Perpiñán. Cecilia y Julio se ven forzados a compartir un cuarto de hotel durante su viaje de regreso a España después de un cursillo de esquí en los Alpes. Cecilia es bastante religiosa y remilgada, pero durante la conversación íntima que tiene con Julio los dos descubren que comparten fantasías eróticas de una índole muy especial…

La idea que empezaba a formarse en su cabeza la aterraba, pero la tentación era irresistible.

-Pero si a mí me gusta, no tendría por qué ser nada malo.

El corazón le latía con fuerza. Seguía con la vista clavada en el techo; no se atrevía a mirar a Julio.

-Pero bueno, ¿qué me quieres decir con todo esto? -dijo Julio, tirándole del brazo para hacer que lo mirara-. ¿Que quieres que te pegue? ¡Me dejas alucinado, Cecilia!

Sintió que se ruborizaba. Rodó hacia un lado, dándole la espalda para que no le viera la cara.

-¡Soy idiota! No debería haberte contado nada.

Julio la agarró por el hombro y la sacudió ligeramente.

-Perdona, lo último que desearía es que te avergüences de lo que me has contado. Me he alegrado mucho de que lo hicieras, de verdad. Pero es que no entiendo lo que quieres; antes de venir conmigo a esta habitación me dejaste muy claro que no querías que te tocara… ¿y ahora quieres que te pegue?

-¿A ti te gustaría?

-Claro que me gustaría, pero no pensé que eso fuera posible. Nunca se me ocurrió que encontraría a una mujer que se prestara a eso.

-Pues ahora me has encontrado a mí.

-¿Estás segura, Cecilia? ¿No crees que sería pecado?

-Si me duele, si no siento placer, ¿por qué iba a ser pecado?

-Mira, Cecilia, lo que estás haciendo es darle vueltas a la cabeza intentando encontrar excusas. Yo me muero de ganas también, te lo aseguro. Pero te prometí que esta noche no intentaría nada contigo, así que no te voy a engañar. Lo que decidas lo tienes que decidir tú, no me vengas luego diciendo que te comí el coco.

Era verdad. Sus propios argumentos no acababan de convencerla. El deseo y la culpa se entremezclaban dentro de ella.

-Es que si no es ahora no podrá ser nunca -gimió-. Cuando volvamos a Madrid ya no te volveré a ver nunca más.

-¿Y por qué no? ¿Por qué no íbamos a poder seguir siendo amigos? Quizás necesites pensarte todo esto con calma.

Sabía que no era así, que si dejaba pasar la oportunidad no se volvería a presentar, para ninguno de los dos. Probablemente ella nunca encontraría ese marido que la sabría disciplinar con cariño. Y Julio nunca encontraría otra masoca que se dejara dar azotes. Eso la hizo decidirse. Quería hacerle un regalo, dejarle un recuerdo inolvidable, como aquella noche con Laura bajo el póster de la Sagrada Familia.

-Sólo unos cuantos azotes, encima del pijama, ¿vale?

Julio la miró con una mezcla de excitación y temor.

-Vale. Si quieres que pare, me lo dices y en paz, ¿de acuerdo?

-De acuerdo.

No podía creerse lo que estaba a punto de suceder.

Julio se sentó en medio de la cama, la espalda muy derecha, apoyada en una almohada y la cabecera. Dejó las piernas bajo las mantas, tirando de ellas para cubrirse el regazo.

-Échate encima de mis piernas -le dijo.

Cecilia se arrodilló en la cama a su derecha. Vaciló un instante, y por un momento sus miradas se encontraron. El rostro de Julio reflejaba deseo y una cierta ansiedad. Ahora ya no iba a volverse atrás. Se dejó caer sobre su regazo. Las piernas cruzadas de Julio la hacían levantar el culo en una postura obscena. Sentía su calor, su olor la intoxicaba. Oleadas de excitación le recorrían el cuerpo.

Julio le pegó una palmada en el trasero. La tela espesa del pijama absorbió casi toda la fuerza del golpe, así que Cecilia sintió sólo un impacto sordo, nada doloroso.

-¿Qué tal? -le preguntó Julio.

-No me ha dolido nada. Pégame más fuerte.

-A ver así…

Con el rabillo del ojo, vio a Julio levantar la mano, que cayó sobre ella con fuerza. Pero, una vez más, el golpe no hizo efecto ninguno. Julio le pegó un par de veces más, con el mismo resultado. Era frustrante.

Fue una decisión súbita, inconsciente. Metió las manos bajo el elástico del pijama y empujó hacia abajo para bajarse los pantalones. Por el contacto del aire con su piel, supo que sus braguitas se habían apelotonado, dejando la parte inferior de sus nalgas al desnudo.

Oyó que Julio tomaba aliento profundamente.

-¿Qué pasa? -le preguntó, temerosa de que se fuera a echar atrás.

-Nada, que tienes un culo precioso. ¿Te lo puedo tocar?

Sin esperar a su respuesta, Julio le acarició las nalgas donde no las cubrían las bragas. Cecilia sintió que se le ponía carne de gallina. El contacto de la mano de Julio era suave, increíblemente sensual. Demasiado.

-¡No, no! -protestó-. Sólo pégame.

La mano de Julio se retiró para caer enseguida sobre ella con fuerza. Esta vez le restalló en la piel como un aguijonazo. Julio la azotó enseguida en la otra nalga, donde también despertó un vívido escozor. Al tercer golpe no pudo evitar mover el culo para esquivarlo.

-¿Qué, ahora sí que duele, eh?

-Sí, claro que sí. -La voz le salía entrecortada-. Sigue.

-¡Ah! ¿Te crees que esto es muy divertido, eh? -dio Julio con tono autoritario y ligeramente burlón-. Mira, Cecilia, ya va siendo hora de que alguien te de tu merecido. Normalmente eres muy buena, pero de vez en cuando se te cruzan los cables y te dan rabietas muy tontas, como la de hoy en el autobús, ¿no crees?

Esa regañina tenía que ser de mentirijillas, para hacer ambiente. Pero la voz de Julio sonaba severa y llegó a asustarla un poco, al tiempo que la excitaba.

-Sí, me merezco un buen castigo por eso. Pégame fuerte.

-Pues prepárate, Cecilia. ¡Te vas a enterar lo que vale un peine!

El dibujo en la portada de Juegos de amor y dolor representa esta escena en el hotel de Perpiñán
Como para enfatizar lo que decía, Julio la agarró la cadera con una mano mientras que con la otra le propinó una rápida serie de azotes, alternando entre las dos nalgas. Los golpes eran lo suficientemente severos para no dejarla pensar en otra cosa. De todas formas, los destellos de dolor que despertaba cada azote tenían una innegable cualidad placentera, que se unía al goce perverso que le producía la postura humillante en que la mantenía Julio y la idea de que estaba siendo castigada como una niña chica. Al poco tiempo empezó a menear el culo de un lado para otro, arriba y abajo, su cuerpo intentando fútilmente esquivar los golpes. Era una danza obscena que bailaba al ritmo de los azotes que le marcaba Julio, un ritmo monótono de metrónomo, que avisaba con perfecta precisión cuando el siguiente cachete la iba a alcanzar. Las punzadas de dolor adquirieron la inevitabilidad del destino. Ninguno de los dos decía nada; cada cual estaba completamente inmerso en su tarea: castigar y ser castigada. Sólo se oían los suspiros de Cecilia y sus ocasionales gemidos, que no sabía si eran de dolor o de placer, mezclados con el aliento entrecortado de Julio. Los azotes sí que sonaban fuertes, restallando contra la piel de su trasero y luego reverberando en las paredes de la habitación, pequeñas explosiones que a Cecilia se le antojaban tan alarmantes como los propios golpes. El brazo de Julio le apretaba la cadera contra un bulto vertical y cilíndrico en su vientre, del que Cecilia no tenía más que una vaga consciencia, absorta como estaba en las emociones encontradas que le producía la azotaina.

Julio se detuvo de repente. La apartó de su regazo de un empujón y se levantó de un salto de la cama. Corrió hacia el cuarto de baño, con un puño apretado sobre la parte de delante del pijama.

Cecilia se quedó tendida sobre el vientre, sin preocuparse siquiera de subirse el pantalón. El corazón le latía en los oídos. Temblaba. El contraste entre la intensidad de su interacción con Julio y su repentina soledad la llenó de desconcierto. Se sintió abandonada, rechazada en ese acto tan íntimo al que se había entregado tan completamente. Sin saber muy bien por qué, se echó a llorar.

Al salir del cuarto de baño, Julio la miró sorprendido desde la puerta.

-¡Estás llorando! ¿Qué te pasa?

En dos zancadas se acercó a la cama. Se echó a su lado y la abrazó por detrás.

-Perdona, no quería hacerte tanto daño -farfulló.

-No es eso… -dijo ella, con la voz babosa del llanto-. ¿Por qué te has ido, tan de repente?

-¡Ah, es eso! Verás… bueno, es que yo… ya no podía más… Me metí en el cuarto de baño para que no me vieras.

Cecilia se incorporó, dándose la vuelta para mirarlo.

-¿Quieres decir que te has…? ¿Qué has eyaculado?

-Un poco…

Cecilia se echó a reír. Se le saltaron más las lágrimas.

-O sea, que te has excitado un montón.

-Creo que es lo más excitante que he hecho en mi vida.

-¿Más que hacer el amor con Laura?

-Sí, aún más.

Eso la hizo sentirse orgullosa. Pero enseguida la invadió una sensación de culpa aplastante.

-¡Ay, Julio! ¿Qué hemos hecho?

-Nada, tía, tu tranquila… ¡Si tú, lo único, es que te has llevado una señora paliza!

-No, Julio, no lo puedo negar: yo he disfrutado tanto como tú.

-Bueno, pues te confiesas y en paz.

-¡Ay, por favor! ¿Y qué le voy a decir a don Víctor? “Un chico me azotó y a mí me gustó mucho”. ¡Si llevo años intentando no contarle mis fantasías! Sólo me confesaba de tener pensamientos impuros. Él nunca me pidió detalles.

Julio la volvió a abrazar. Notó un contacto húmedo en el trasero, destacándose sobre el ardor de su piel. Alargó la mano para subirse el pantalón.

-Espera, por favor -le dijo Julio.

-Es que deberíamos…

-Sólo un segundo.

Ella se quedó inmóvil mientras él le pasaba la mano por las nalgas, haciéndola sentir el calor y el escozor que habían dejado sus azotes. Sabía que debía negarse, hacer que parara, pero sentía una blandura por dentro, una docilidad que le hacía imposible negarse a sus deseos.

-Se te ha quedado la piel muy suave -le Julio dijo al oído.

-Sí. Me has pegado muy fuerte.

Deseaba que continuara tocándola, que se atreviera a más. Le dejaría hacer, le gustaba demasiado lo que estaba pasando. Sin embargo, él mismo le subió el pantalón del pijama.

-Perdona, creo que me he pasado.

-¡Qué va, tonto! Yo también he disfrutado mucho. Me gusta mucho el calorcito que me has dejado en el culo.

-Ha sido la cosa más maravillosa del mundo. Espero que mañana no te arrepientas.

-No sé lo que pensaré mañana…

-Es tardísimo, será mejor que nos durmamos. ¿Te importa si apago la luz?

-No…

Julio rodó por la cama para apagar la luz de la mesilla de noche.

-Buenas noches, Cecilia.

-Buenas noches, Julio.

Se deslizó entre las sábanas hasta quedar pegada a él, abrazándose a su espalda, metiendo las rodillas en el hueco de las suyas. Acercó la nariz a su hombro para sentir mejor su olor. Por su respiración, regular y profunda, supo que se había dormido. Ella estaba demasiado excitada para hacerlo.

El culo le ardía debajo del espeso pijama de franela, impidiéndole olvidar lo que había ocurrido apenas unos minutos. Moviéndose despacio para no despertar a Julio, se volvió a bajar el pantalón. Se acarició las nalgas. Era verdad lo que le había dicho Julio: la piel se le había quedado suave como el terciopelo e irradiaba un agradable calorcito. Le vinieron unas ganas locas de tocarse. Hacía tiempo que no había sentido la tentación de hacerlo de forma tan palpable. Era como un imán que atraía a su mano hacia su sexo. Apretó los muslos y pudo sentir su humedad anegándole la entrepierna. Rodó bruscamente hasta quedar tendida de espaldas y separó las piernas para evitar seguir dándose placer al apretarlas. Sólo que ahora podía sentir su culo desnudo ardiendo contra el colchón, aumentando su excitación. Rodó otra vez para acostarse sobre el vientre. Eso le recordó su postura mientras que Julio la azotaba. No había escapatoria a su deseo desbocado, donde quiera que miraba se lo encontraba. El cuerpo de Julio era una sombra enorme apenas unos centímetros de sus manos. Deseaba desesperadamente tocarlo. Deseaba desesperadamente tocarse.

No había calculado bien las consecuencias de su decisión. Había pensado que iba a ser un juego inocente, que sería tan fácil de terminar como de comenzar. Pero en vez de eso había abierto las puertas a una fuerza arrolladora que se ahora se sentía sin fuerzas para controlar. Se había equivocado. Había cometido un error muy grave. Sí, había sido pecado, ya no le cabía ninguna duda. El sentimiento de culpa se convirtió en un peso que le oprimía el pecho y, a pesar de eso, el fuego del deseo se negaba a abandonar su cuerpo. Volvió a girar para tenderse de espaldas, se subió el pantalón del pijama y entrecruzó los dedos sobre su pecho, dispuesta a luchar contra la tentación toda la noche si era necesario.