martes, 24 de febrero de 2015

El 23-F de Google

Blogger, el sitio donde se publica este blog, solía ser una compañía independiente, pero ahora forma parte del gigante de internet Google. Ayer, 23 de febrero, recibí un e-mail de Google que decía:

We're writing to tell you about an upcoming change to the Blogger Content Policy that may affect your account. In the coming weeks, we'll no longer allow blogs that contain sexually explicit or graphic nude images or video. We'll still allow nudity presented in artistic, educational, documentary, or scientific contexts, or where there are other substantial benefits to the public from not taking action on the content. The new policy will go into effect on the 23rd of March 2015. After this policy goes into effect, Google will restrict access to any blog identified as being in violation of our revised policy. No content will be deleted, but only blog authors and those with whom they have expressly shared the blog will be able to see the content we've made private.

Traducción:

Le escribimos para hablarle de un próximo cambio en la Política de Contenidos de Blogger que puede afectar a su cuenta. En la próximas semanas dejaremos de permitir blogs que contengan imágenes o vídeo que sean sexualmente explícitas o muestren desnudos gráficos. Permitiremos desnudez presentada en un contexto artístico, educativo, documental o científico, o donde haya beneficios sustantivos para el público en no tomar acción contra el contenido. Las nuevas normas entrarán en vigor el 23 de marzo del 2015. Después de que estas normas entren en vigor, Google restringirá el acceso a todo blog que sea identificado como infringiendo la nueva normativa. Ningún contenido será borrado, pero sólo los autores del blog y aquellos con los que hayan compartido expresamente el blog será capaces de ver el contenido que hemos hecho privado.

Curiosa coincidencia que Google anuncie su nueva censura a contenidos eróticos el 23 de febrero, fecha que en la memoria de los españoles siempre irá unida al totalitarismo.

Yo ya he borrado algunas fotos eróticas de este blog. Queda por ver hasta qué extremo Google aplicará su censura y cuál será la reacción del los blogeros. Seguiré añadiendo información a éste artículo.

Actualización: Parece que Google se ha retractado de esa decisión -

http://otroladodeldado.blogspot.com.es/2015/03/google-da-marcha-atras-y-permitira-la.html?zx=9d0558ea9e25df3d

Hoy me ha llegado el e-mail de Google retractándose de su decisión de censurar imágenes y vídeos eróticos. Dice:

We've received lots of feedback about making a policy change that impacts longstanding blogs and the negative impact on individuals who post sexually explicit content to express their identities. 

Traducción:

Hemos recibido un montón de respuestas sobre un cambio de normativa que impacta a blogs de considerable antigüedad y sobre el impacto negativo que tendría sobre individuos que suben contenido explícitamente sexual para expresar su identidad.  


Lo que suena muy bien... Yo sería uno de esos individuos. Gracias a todos los que han protestado contra  esta norma de Google. Aunque quizás Google ha leído la noticia de que los tribunales franceses van a procesar a Facebook por censurar un famoso cuadro erótico...


http://internacional.elpais.com/internacional/2015/03/05/actualidad/1425581064_172368.html

"L'origine du monde", el cuadro censurado por Facebook
"Cuando las barbas de tu vecino veas afeitar..."

miércoles, 18 de febrero de 2015

La buena muerte



-No lo entiendes, Cecilia. Yo no quiero que me ayuden. Estoy harta de todo. Estoy muy cansada.

-No te entiendo… ¿Qué quieres decir?

-Pues eso: que estoy harta. No quiero que me ayuden, ni quiero ayudar a nadie. Antes me gustaba ayudar a la gente, sentía que aunque yo sufriera por lo menos alguien dejaba de hacerlo. Por eso me gustaba hablar con los locos. Por eso te hablé el día que nos conocimos, porque vi lo asustada y lo desesperada que estabas. Pensé que si te explicaba cómo funciona este sito te haría sentirte mejor.

-¡Pues claro, Irene! Y lo conseguiste, me ayudase un montón. Yo creo que sin ti me habría venido abajo.

-No, Cecilia, no te habrías hundido. Ahora te conozco, sé lo fuerte que eres. Te las hubieras apañado muy bien sin mi ayuda.

-Tú también eres muy fuerte, Irene. Tú también puedes salir adelante. Si no lo fueras, no podrías ayudar a la gente como haces.

-No sé si se trata de ser fuerte… El caso es que ayudar a la gente ya no me sirve de nada. Ya no me da esperanza. Estoy cansada, Cecilia. Estoy harta de luchar contra esta marea de mierda que amenaza con ahogarme. Sólo quiero dormir… Descansar para siempre.

Cecilia sintió que mil señales de alarma la sacudían por dentro.

-¿Qué quieres decir, Irene? ¿No querrás suicidarte?

-Lo que quiero es acabar de una vez con esta mierda de vida, Cecilia. No vale la pena vivir así, con tanto sufrimiento. No sé si quiero suicidarme… Lo que quiero es que todo se acabe de una puta vez.

-¡Por favor, Irene! -dijo con desesperación-. ¡No digas esas cosas, que me asustas! En la vida hay cosas malas, pero también hay muchas cosas buenas.  La vida vale la pena, aunque sólo sea por sí misma.

-No, Cecilia, estás equivocada. La vida no siempre vale la pena. Hay veces en que el sufrimiento se hace tan grande que ya nada te compensa. Entonces es mejor acabar con todo para así encontrar finalmente la paz.

-¿Por qué? ¿Tú crees que vas a sobrevivir a la muerte? ¿Crees que vas a irte a un paraíso donde vas a ser feliz, que te vas a reencarnar en alguien mejor, o algo parecido? Porque ninguna de esas patrañas son verdad, Irene. La muerte es la nada, es dejar de existir. No hay nada al otro lado. A ver si por creer una de esas imbecilidades vas a acabar con lo más valioso que tienes.

La mirada de Irene se volvió inesperadamente sabia, como la del Chino cuando le iba a soltar una de sus frases profundas.

-Ya lo sé, Cecilia. Ya sé que no hay nada después de la muerte. No te preocupes, que yo tampoco me creo esos cuentos de curas, ni de los de aquí que van vestidos de negro ni de los de allá que van vestidos de azafrán. Pero eso es precisamente lo más bonito de la muerte, que no hay nada. ¡Nada, Cecilia! Te puedes imaginar qué liberación, que descanso, el poder hundirse en la nada, dejar de sentir, dejar de sufrir, dejar de tan siquiera recordar que has sufrido. Nada de nada, para siempre jamás.

Una sonrisa pacífica había iluminado el rostro de Irene, lo que no hizo más que aumentar la alarma de Cecilia. Buscó desesperadamente algún argumento para convencer a Irene.

-¡Espera, espera, que eso no es así! La nada no tiene nada de bueno… La nada no es algo, es un vacío, es dejar de existir… No hay nada bueno en dejar de existir.

-¿No? ¿Y por qué no iba a haberlo?

-Pues porque no vivimos sólo para nosotros. Vivimos para la gente que nos quiere, para ayudar a otros, como decías antes… Para hacer del mundo un sitio mejor, en definitiva.

-A mí eso no me sirve… Antes sí, pero ahora ha dejado de tener sentido. Yo no tengo ninguna obligación con nadie. Mi cuerpo es mío. Mi vida es mía, y hago con ella lo que me parece.

-Pero eso no es verdad. Tú no posees tu cuerpo o tu vida, como el que tiene un libro o un televisor. Tú eres tu cuerpo, que no es lo mismo que poseerlo.

-Para el caso es lo mismo. Si quieres, míralo de otra manera: yo soy libre, soy la única dueña de mi destino. El poder acabar con mi vida es el acto más absoluto de libertad. Y el que te priven de hacerlo es la forma de sometimiento más completa. Nadie debe obligarte a vivir tu vida en contra de tu voluntad. ¿No lo entiendes?

-¿Qué quieres que te diga? Sí, así como lo pones, tienes razón. Es verdad que debemos ser libres hasta el punto de poder acabar con nuestra vida… En teoría está muy bien. Pero en la práctica no deja de ser una locura. Nuestra vida es el bien más preciado que tenemos, ¿para qué rechazarlo? Se me antoja el desperdicio mayor que podemos hacer.

-O el regalo mayor que podemos hacer. En el mundo sobra gente, somos demasiados. ¿Para qué continuar una vida miserable que no ayuda a nadie?

-No lo entiendo, Irene. ¿Qué ha pasado para hacerte querer acabar con tu vida? ¿Qué te dijo Vicente para hacerte sentir así? Fuera lo que fuese, no puede tener tanta importancia.

-No fue nada que me dijera Vicente… Hace mucho tiempo que me siento así. Él lo único que hizo fue recordármelo todo. Recordarme quién soy… Lo que quiero en realidad.

-Pero entonces…

-¿Por qué te crees que me trajeron aquí, Cecilia? Me tomé una buena sobredosis de anfetas. Hubiera cumplido mi deseo si no llega a ser por el cabrón de Vicente, que me encontró a tiempo. Pasé dos días en el hospital y luego me trajeron aquí.

-O sea, que volverás a intentar suicidarte en cuanto puedas.

-No estoy segura, Cecilia…

-¡No lo hagas, Irene, por favor, te lo suplico! ¡Sigue viviendo, hazlo por mí!

-No lo entiendes, Cecilia… ¡Por favor, intenta entenderlo! Esto no tiene nada que ver contigo, tiene que ver conmigo, con lo que yo siento en lo más profundo de mi corazón. Si eres mi amiga, tienes que entenderlo. Nunca se lo he contado a nadie. A nadie se lo he explicado como acabo de explicártelo a ti.

Cecilia se incorporó para volver a sentarse en el suelo. Sin decir nada, recogió la ristra de agujas. Las fue sacando una a una y clavándoselas en el pecho mientras hablaba.

-Gracias por la explicación… Intentaré entenderlo, de verdad. Pero yo quiero que tú entiendas que si te matas, que si te pierdo, me vas a hacer mucho daño. Me vas a hacer mucho más daño que lo que duele ponerme estas agujas. Porque sí que tiene que ver conmigo, Irene. El dolor que sentiría al perderte tiene muchísimo que ver conmigo.

Irene también se sentó, mirándola ceñuda.

-Dices que eres que eres mi amiga, pero te acabo de contar mi secreto más íntimo, lo que llevo en lo más profundo del alma, y tú lo rechazas. En el fondo eres muy egoísta, Cecilia. Me quieres por lo que te doy, pero no por mí misma.

-¿Y qué coño tengo que hacer para dejar de ser egoísta? ¿Decirte que está de puta madre que te suicides? ¿Decir que el suicidio es la cosa más cojonuda del mundo porque es, oh, algo tan profundo? ¿Tengo que ayudarte a matarte?

Éste es un fragmento de mi novela Para volverte loca, que será la quinta novela de la saga de Cecilia. Esta parte está basada en el suicidio de mi amiga Erin. Irene tiene muchas cosas en común con Erin y lo que le dice a Cecilia fue lo que intentó decirme Erin antes de dejarme, antes de morir. Erin me dejó un precioso regalo: me hizo ver la muerte de otra manera, como liberación, no como pérdida. Eso es lo que intento reflejar aquí. Mi reacción es la de Cecilia: amo demasiado a la vida para poder comprender que alguien quiera suicidarse.  

domingo, 15 de febrero de 2015

Misandria: odio al hombre

Bart Simpson escribe en la cabeza de su padre: "insertar cerebro aquí"

Tendría que haber sido obvio desde el principio, pero parece ser que una buena parte de las feministas han tardado décadas en darse cuenta de que no se pueden resolver los problemas de las mujeres sin contar con los hombres. Por fin asistimos a un clamor por poner fin a la guerra de los sexos, como lo hizo la actriz Emma Watson al lanzar la campaña feminista HeForShe con su discurso en las Naciones Unidas


En él dice, entre otras cosas: “Cuanto más he hablado sobre feminismo, más me he dado cuenta de que la lucha por los derechos de la mujer a menudo se ha convertido en sinónimo de odio a los hombres. Si hay algo de lo que estoy segura, es que esto tiene que acabar.” “Mi investigación reciente me ha mostrado que el feminismo se ha convertido en una palabra impopular.” “He visto el papel de mi padre ser menos valorado por la sociedad a pesar de que de niña yo necesitaba su presencia tanto como la de mi madre. He visto hombres jóvenes sufrir enfermedades mentales y ser incapaces de pedir ayuda por miedo de parecer menos macho (…). He visto hombres frágiles e inseguros a causa de un sentido distorsionado de lo que constituye el éxito masculino. Los hombres tampoco gozan del beneficio de la igualdad.”

Todo eso está muy bien, pero también haría falta hablar de cómo muchas versiones del feminismo han fomentado la misandria, el odio al hombre. Porque, en definitiva, lo que hace que muchos hombres no se apunten a la causa es que se han visto atacados por el feminismo una y otra vez. Se preguntan, con razón, si apoyando al feminismo no están yendo contra sus propios intereses. Claro que el feminismo no es la única fuente de misandria. Ni siquiera la encontramos sólo en las mujeres; tristemente, parece haber muchos hombres que detestan la condición masculina. Por ejemplo, el otras veces brillante científico Jared Diamond toma una actitud extrañamente misándrica en su libro “Why Is Sex Fun?”. En uno de sus capítulos, basado en sus experiencias con tribus de Nueva Guinea, nos viene a decir que los hombre nos sirven para nada.

Por favor, no nos metamos en discusiones estériles sobre qué es peor, si la misoginia o la misandria, como si tuviéramos que elegir entre ellas. Las dos actitudes son inmorales e incluso se refuerzan mutuamente. Odiar a los hombres no remedia en modo alguno el odio a las mujeres. Como pasa con todas las guerras, la guerra de los sexos al final daña a todos. Cuando se nos ataca a los hombres es más fácil que nos atrincheremos en actitudes defensivas y racionalicemos el machismo, de la misma forma que el degradar y explotar a las mujeres las puede llevar a apoyar posturas hembristas de odio a los hombres.

Como pasa con la misoginia, la misandria suele aparecer en formas muy sutiles e insidiosas, en frases hechas y estereotipos culturales que se aceptan de manera irreflexiva. A pesar de lo que decía antes de que la guerra de los sexos daña también a las mujeres, no faltarán feministas que quieran negar la existencia de la misandria en nuestra sociedad. Para que resulte más fácil identificarla, hago a continuación una lista de sus manifestaciones más frecuentes.

1. Denigrar el deseo sexual del hombre. ¿Cuántas veces hemos oído expresiones como éstas? “Los hombres piensan con la polla”. “Los hombres sólo piensan en una cosa”. “Los hombres son unos cerdos”. “Sí, dice que quiere ser tu amigo, pero lo único que quiere es follarte”. “Es un viejo verde”. Todas ellas insinúan que el que los hombres sientan deseo sexual por las mujeres en algo vergonzoso. Ciertas feministas de la segunda ola veían el deseo masculino como intrínsecamente explotador de la mujer y buscaron reprimirlo. Esta actitud persiste hoy en día en críticas hacia la pornografía y en nuevas leyes que buscan perseguir a los clientes de las prostitutas. En esto el feminismo anti-porno  se da la mano con las actitudes  represivas de las religiones tradicionales: el hombre debe desear sólo a su esposa, todo lo que se desvíe de eso es malo. En su forma más virulenta, esta actitud se combina con el desprecio por la edad (“edadismo”) para condenar el que un hombre maduro se sienta atraído por mujeres jóvenes. Las nuevas ideologías sexo-positivas celebran sin reparos la sexualidad femenina en todas su versiones, pero a menudo no queda claro si la sexualidad masculina merece el mismo trato. Por supuesto, el deseo sexual no justifica en modo alguno la agresión y la explotación de las mujeres, pero hay que enfatizar que lo que es malo no es el deseo en sí, sino las conductas que dañan al prójimo.

2. “Todos los hombres son violadores”. O, dicho de forma más suave, el culpar a todos los hombres de las agresiones a las mujeres que realizan algunos. Esto dio lugar al hashtag #NotAllMen  en internet y a su respuesta con #YesAllWomen (que explica que todas las mujeres son víctimas de misoginia en mayor o menor medida). La controversia en torno a esas hashtags se basa en que en medio de una conversación sobre como las mujeres son víctimas de agresión, un hombre suele interrumpir diciendo “yo no hago eso”, “no todos los hombres somos así”, o algo por el estilo. Las feministas critican esto porque el interrumpir a una mujer es un signo de actitudes machistas, que además en este caso sirve para desviar el tema de la conversación, cambiando el foco de las mujeres a los hombres. Sin embargo, creo que si en una conversación sobre agresión a mujeres se implica que todos los hombres son agresores, esto es sexismo anti-hombre y debe de ser señalado inmediatamente. A fin de cuentas, tales conversaciones no se dan en un vacío cultural, sino en el contexto de una larga historia de escritos feministas que condenan a todos los hombres por agredir o explotar a las mujeres. Culpar a alguien por lo que es (hombre) y no por lo que hace (agredir) es la injusticia fundamental que forma la base de toda actitud sexista. Una cuestión relacionada con esto es que la mujer vea a un hombre desconocido como un potencial agresor. El tener esto presente es un simple cuestión de prudencia, pero se debe tener cuidado de no traducir es actitud interior de cautela en una actitud exterior de sospecha. Dicho de otra manera, una mujer tiene derecho a comportarse de forma que proteja su propia seguridad, pero es insultante hacer ver a los hombres con quienes se relaciona que son sospechosos inmediatos de ser violadores.

3. “Los hombres oprimen a las mujeres”. Cuando se habla de opresión de la mujer, muchas feministas lo hacen como si dieran por sentado que son los hombres quienes oprimen a las mujeres. Eso no es verdad, lo que oprime a las mujeres son una serie de normas y prácticas culturales a las que se les ha llamado “el patriarcado”. El patriarcado no son los hombres. De hecho, muchas mujeres han apoyado y siguen apoyando al patriarcado, mientras que muchos hombres luchamos contra él.

4. “La testosterona es veneno”. He oído muchas veces esta frase en círculos progresistas. La testosterona, lejos de ser un veneno, es una hormona esencial para el funcionamiento normal del cuerpo de los hombres y de las mujeres. Aunque más abundante en los hombres, en los dos sexos produce deseo sexual, ayuda al desarrollo muscular y disminuye el dolor, aparte de desmpeñar muchas otras funciones. Por supuesto, la frase se usa como metáfora para rechazar la agresividad natural del hombre. Pero no debemos confundir agresividad con violencia. La agresividad es necesaria para superarnos en los deportes, en el estudio y en el trabajo. Nos permite movilizar nuestra energía para realizar un esfuerzo intenso y prolongado. De hecho, el feminismo ha promulgado un tipo de mujer más agresiva y menos pasiva que el que impone el patriarcado. Una cierta dosis de agresividad sana es buena tanto en el hombre como en la mujer.

5. Des-empoderar a los hombres. A veces se sugiere que el darles poder a las mujer significa quitárselo a los hombres. Esto sería injusto, ya que cada cual tiene derecho a tener control sobre su vida, a su independencia y autonomía, y a desarrollar sus capacidades creativas al máximo posible. El tener poder no significa quitárselo a otro. Esto sólo se da en relaciones basadas en la explotación o en la competencia, y yo creo en una sociedad basada en la cooperación y la solidaridad en todos los ámbitos. Nuestra lucha debe encaminarse a conseguir ese tipo de sociedad, no a establecer el poder de un grupo sobre otro. Yo encuentro esta forma de misandria, por ejemplo, en la manía que les ha dado a algunas de criticar a los machos alfa. La realidad es lo contrario, y muchas mujeres se sienten atraídas por hombres poderosos, no necesariamente los triunfadores en la política o los negocios, sino también los que destacan por su inteligencia y por sus estudios.
Personajes de Futurama: Fry, Bender y Leela

6. El estereotipo del hombre estúpido, perezoso y bruto. Últimamente nos lo encontramos en muchas películas y series de televisión. El ejemplo más claro es Homer Simpson, un ser de poca inteligencia dado en decir y hacer las mayores estupideces. Su hijo, Bart, es mal estudiante y un gamberro nato. Por el contrario su hija Lisa es una alumna superdotada aficionada a la ciencia y a quien le gusta ponderar cuestiones filosóficas y resolver problemas sociales. Este contraste entre hombre estúpido y mujer brillante lo encontramos en la otra serie de dibujos animados de Matt Groening, Futurama, en la que Fry es un joven repartidor de pizza parangón de la ignorancia a ultranza, mientras que su contraparte femenina, la mutante Leela, es una piloto de naves espaciales brillante, valiente y aventurera. El estereotipo del hombre tontorrón aparece en muchas otras partes, como en películas como “Dumb and Dumber”.

7. El estereotipo del hombre falto de afectividad y compasión. Esto es algo que hemos heredado del viejo machismo, pero que se sigue perpetuando. Christian Grey, el protagonista de las infames “50 Sombras” , responde bastante bien a él. Pero también está presente en el sinfín de héroes y super-héroes masculinos que la industria del cine ha producido en masa durante todo el siglo 20. Hay que tener cuidado, de todas formas, cuando emerge en círculos progresistas y feministas para quitarnos voz a los hombres en base a que no tenemos la suficiente inteligencia emocional para comprender determinadas cuestiones. También se usa para reforzar la imagen que describía antes del hombre demasiado agresivo y violador en potencia.

Mensaje "sutil" de violencia  al hombre en un colectivo feminista
Emma Watson y el grupo HeForShe nos reta a los hombres a luchar por la igualdad de la mujer. Dados los numerosos casos de misandria que vemos emerger por todas partes, creo que es importante que el feminismo nos garantice que esta lucha no se traducirá en socavar los derechos legítimos y la dignidad de los hombres. Por ejemplo, la imagen de arriba fue encontrada en un mensaje reciente (2104) de la Coordinadora Feminista. La misandria le otorga al feminismo la oportunidad de redimirse de la mala reputación que ha ido adquiriendo durante décadas, probando de forma decisiva que realmente lucha por la igualdad de los sexos (y no la supremacía de la mujer) y contra el sexismo de todo tipo (y no sólo el machismo). Lo único que tiene que hacer es salir en defensa de los hombres cuando son atacados y denigrados. ¿Sabrá el feminismo aceptar el reto que supone la misandria?

sábado, 7 de febrero de 2015

¿Qué tiene de malo el amor romántico?

Cupido y Psyche
Se acerca el día de San Valentín, una celebración que siempre me ha producido bastante repelús. A menudo me he preguntado por qué. Por supuesto, me desagrada la cursilería de las flores, las cajas de bombones y las colas en los restaurantes. Tampoco me gusta ese pretexto para consumir más, para gastarnos el dinero en cosas que no necesitamos, como si al no comprar regalos nuestro amor fuera menos verdadero. Pero últimamente se me ha ocurrido que lo que en realidad no me gusta de San Valentín es que es la celebración del amor romántico. Como “amor romántico” se suele entender el amor “de pareja” entre dos personas que se atraen sexualmente y se enamoran, pero recientemente se han empezado a usar estas dos palabras para criticar una visión convencional de las relaciones amorosas que acumula una serie de mitos que pueden llegar a ser muy dañinos. A continuación enumero algunos de los más importantes:

1. Contigo no me hace falta nadie más”. Muchas personas cuando se enamoran, se casan o se van a vivir juntos se vuelcan completamente en la vida de pareja y relegan a sus amistades a un segundo plano. Esto responde a una de las creencias más básicas del amor romántico: que existe una persona que nos complementa perfectamente. Dado que somos personas muy complejas, con una gran variedad de necesidades, encontrar a alguien que las satisfaga todas es prácticamente imposible. Entrar en una pareja con este tipo de expectativas conduce a la frustración y a exigirle a la otra persona que cambie para ajustarse a nuestros deseos. Una actitud más sana es la de valorar nuestras amistades, comprendiendo que cada persona aporta algo distinto a nuestra vida. En el poliamor se va aún más lejos, proponiéndose que al amar a varias personas viviremos una vida más plena sin tener que exigirle a nadie que se ajuste a nuestros deseos.

2. El flechazo”. San Valentín no estaría completo sin la imagen de Cupido, ese angelillo alado que nos enamora a flechazo limpio. El mito del flechazo o amor a primera vista se basa en la existencia de esa persona que nos complementa de forma mágica. Esa complementariedad produce una atracción tan tremenda que cuando las dos personas se encuentran el amor surge de forma instantánea. Por supuesto, nada de esto es verdad. Un amor realista y maduro, por el contrario, se basa en el descubrimiento gradual de la otra persona y nuestra afinidad por ella.

3. Te querré siempre”. En un mundo en el que la tasa de divorcio supera ya el 50% está claro que los amores que duran toda la vida son la excepción y no la regla. Y eso sin contar a las separaciones antes del matrimonio y a las parejas infelices que no se atreven a romper. Creer en el amor eterno es absurdo. Mejor empezar una relación contando con que no va a durar para siempre y así la ruptura será menos dolorosa. Puede haber relaciones que sí duren “hasta que la muerte nos separe”, pero quizás sea por suerte, por trabajar para mantener la relación o por plantearse las cosas de forma realista desde el principio.

4. Eres mía/mío”. El amor romántico es posesivo. Se ve a la otra persona como algo que nos pertenece, como una extensión de nosotros mismos. El formar una pareja es una adquisición, una compra en la que yo intercambio mis deberes hacia ti por tus obligaciones hacia mí. Esta transacción conlleva una pérdida de libertad que convierte al matrimonio en una cárcel. Se insiste así en la “fidelidad”, es decir, en el cumplimiento del contrato matrimonial cuya primera cláusula es la exclusividad sexual. Es mucho más sano el ver a la otra persona como alguien que se pertenece a sí misma. Las relaciones deben basarse en las experiencias compartidas, en la empatía y en el cuidado mutuo.

5. Los celos son señal de amor”. La consecuencia lógica de la pareja posesiva son los celos, que además nuestra cultura monógama se ha encargado de convertir en virtud y en barómetro de la intensidad del amor. Los “crímenes pasionales” se romantizan, se comprenden y se perdonan, y el resultado son un montón de mujeres maltratadas y asesinadas por hombres que basan su autoestima en su capacidad de convertirlas en sus prisioneras. La glorificación de los celos mata.

6. El amor lo perdona todo”. Otro mito peligroso que sirve para perpetuar las situaciones de violencia doméstica es el ideal de la mujer de la mujer abnegada capaz de perdonarlo todo en nombre del amor. El perdón puede resultar liberador, es cierto, pero siempre que la situación a perdonar haya terminado y el maltratador haya hecho las reparaciones pertinentes. Aun así, es mejor perdonar desde una situación de libertad y de una cierta distancia física y emocional. De otra forma, el perdón no es más que una excusa para perpetuar el maltrato.

7. El amor te hará cambiar”. Otro mito es considerar al amor como una fuerza mágica capaz de producir milagros. Una de las formas más frecuentes de este mito es la de la mujer inocente y pura que es capaz de curar al guerrero herido por la vida. ¿Os suena conocido? Sí, esta es la trama básica de “50 Sombras de Grey” y otras muchas novelas románticas. La realidad es muy distinta. A menudo uno de los miembros de la pareja pugna por hacer cambiar al otro, con el resultado de que la relación degenera en una lucha de poder. Sí, por supuesto, las transformaciones personales son posibles, pero deben de partir del interior de cada persona y no ser impuestas desde afuera en nombre del amor. También encontramos este mito en las personas que nos dicen con aire paternalista “cuando encuentres la mujer (o el hombre) de tu vida, dejarás de ser homosexual, bisexual, feminista, poliamoroso, etc.”

8. El sexo es mejor cuando es con alguien a quien amas”, y su opuesto: “el sexo sin amor está vacío”. Si bien es cierto que el amor puede aportar empatía y complicidad al sexo, también lo es que el deseo y el amor a menudo van por rumbos distintos. Para muchas personas, el simple hecho de acostarse con alguien distinto aumenta la excitación sexual, mientras que el hacer el amor con la misma persona año tras año llega a aburrir y a quitarle todo el atractivo al sexo. Los que practicamos la pareja abierta sabemos por experiencia que cuando nuestra pareja hace el amor con otro vuelve con más ganas y más energía a nuestra cama. En cuanto a lo que el sexo sin amor se experimenta como vacío, esto se debe probablemente a complejos de culpa de los que no nos hemos sabido librar. Las experiencias sexuales de una sola noche pueden ser maravillosas aventuras en las que descubrimos el cuerpo y la mente de una desconocida, al tiempo que el saber que nunca la volveremos a ver nos confiere una extraña libertad.

9. El amor verdadero te llena completamente”, y su opuesto: “una vida sin amor es una vida vacía”. El amor es sólo una faceta de la vida. Querer que otra persona llene completamente nuestra vida crea unas expectativas desmesuradas que conducen a la frustración y a culparla cuando nos sentimos defraudados. Muchas personas sacrifican su carrera, sus amigos o su aficiones por amor y luego viven lamentándolo. Por otra parte, hay personas que nunca encuentran al amor ideal y aun así viven una vida llena de satisfacciones.

10. Quiero un hombre que me trate como una reina”. El amor no consiste en que alguien se ponga a tu servicio y te lo solucione todo. No hay que olvidar que una parte fundamental del feminismo consiste en que la mujer desarrolle su autonomía y su independencia, incluyendo la independencia económica. Esto supone un enorme esfuerzo. Esperar que venga un príncipe azul a solucionarnos la vida es una idea completamente machista.

11. Si me amaras de verdad sabrías lo que quiero”. Al amor romántico se le atribuyen cualidades mágicas, entre ellas la de leer el pensamiento. Esto sirve de disculpa para no trabajar adecuadamente la comunicación, lo que es esencial para el éxito de la relación. Nadie, por mucho  que te quiera, es capaz de saber lo que piensas y lo que sientes, especialmente en mitad de una pelea. Aunque en algunas relaciones las personas llegan a tener una empatía especial y una gran capacidad para saber cómo se siente la otra persona, esto suele ser el resultado de una labor constante de comunicación y de largas conversaciones íntimas.

12. Lo único que necesitas es amor”. Lo siento por los Beatles y en especial por mi héroe John Lennon, que compuso la canción “All You Need Is Love”, pero esto es completamente falso. Durante los años 60 se quiso convertir al amor en la clave para solucionar todos los problemas, desde el racismo hasta la guerra, y claro, no funcionó. La vida es algo demasiado complejo para intentar solucionarla a base de una emoción, aunque sea tan bonita e importante como el amor. Para triunfar en la vida también hacen falta otras cosas, como educación, inteligencia, honestidad, sabiduría y trabajar duro.